Capítulo 29

2210 Palabras
Si la vergüenza fuera un color Estamos sentados alrededor de la mesa de centro en esta habitación de hotel, mientras Rocío se ríe entre dientes comiendo un trozo de manzana y yo le estoy enviando un mensaje a mi queridísimo hermano. “Hijo de mi amada madre ¿por qué no nos avisaste que esta vieja te quería comer el p**o?” “¿De qué hablas, Chris?” “De que la vieja, estaba semidesnuda esperándote en la habitación del hotel donde te citó” Mi teléfono no demoró en sonar y tuve que contestar, me levanté de mi asiento y caminé hasta el balcón que había en el lugar, cerré la puerta corredera y le hablé al idiota que tengo por hermano. —No me digas que esta es la susodicha del contrato de sumisión, hermanito— afirmo más que pregunto y la sonora carcajada al otro lado de la línea me pone más enojado de lo que estaba. —¡¿Qué?! ¡No!, por supuesto que no idiota, pero no pensé que la vieja esa creyera que le iba a aceptar sus insinuaciones. ¿de verdad que estaba semidesnuda esperándome? —Así mismito, si le hubieras visto la cara de pocos amigos cuando nos vio llegar—hago una pausa para aguantar la risa y continuo—. Es que la muy zorra se le salieron los ojos cuando Rocío le dijo que yo era el otro O’Connor y que tú no podías venir— Risas del idiota, nuevamente—. Pero gracias a esa víbora, todo se solucionó. Ahora, la estamos esperando para revisar los documentos. —Eso es genial, hermanito y de verdad discúlpame por el impasse, no pensé que esa mujer quisiera seguir con sus jueguitos. —¡Entonces no te referías a eso cuando dijiste que no cediéramos? —inquiero alzando mi ceja, porque no veía otro motivo. —La verdad es que no lo pensé de esa forma, yo le había dejado muy en claro mis intenciones a ella, pero parece que le entró por un oído y le salió por el otro, porque por lo que me dices ella quería disfrutar de mis encantos. —Idiota, pero ¿y si lo que acabamos de hacer provoca que no nos quiera en la licitación? —Pues entonces no es para nosotros, hermano. Yo no usaría mi cuerpo o el tuyo o hasta el de Rocío para obtener un beneficio, eso no va con mis ideales y tú lo sabes. —Lo sé, lo sé, era solo una preguntita—escucho ruido en la habitación y al parecer la señora esa ya ha vuelto—. Me voy, llegó tu cita. —Ni se te ocurra, Chris. —Tranquilo, hermano. Yo sé como dominar a esas fieras, te lo aseguro. Colgué la llamada y volví dentro del lugar. Ahora, la asistente del alcalde vestía como toda una profesional y miraba a Rocío como si fuera un trozo de carne que quería degustar ¿será que le hace para ambos lados? En mi caso, me importaba nada, yo era un monje tibetano feliz sin sexo… por el momento. —Señor O’Connor, estos son los documentos que deben acompañar para la última etapa de la licitación— me dice en tono profesional y entregándome una copia de lo solicitado que yo paso de inmediato a Rocío para que la adjunte a la carpeta— Son algunas especificaciones de los lugares que deberán visitar para cerrar su presupuesto, por desgracia, yo pensaba hacer una visita con su hermano a estos lugares para apoyarlos, pero veo que a él no le interesa contar con nuestro apoyo. Me lleva el puto diablo, ¿Qué se ha creído esta vieja decrépita? Estoy a punto de responderle con mi ametralladora bucal, cuando Rocío poza su mano en mi pierna y me mira guiñándome un ojo. —Señora… —Señorita—le responde la otra. —Perdón, señorita. Le agradecemos el interés que ustedes tienen en nuestra empresa, pero entenderá que por nuestra propia seguridad y la de los demás participantes le pediría que de ahora en adelante se comportara con la altura que su cargo le inviste, de no ser así tendría que iniciar una denuncia por acoso s****l o peor aún por tráfico de influencias, ¿me entiende no? La mujer de verde pasa a rojo y ahora blanco mientras Rocío le lanzaba la artillería pesada y eso que la iba a mandar al diablo solamente, pero esta chiquilla frente a mí, además de ponerla en su lugar la estaba amenazando con hacer público este encuentro. Y parece que sabía lo que hacía ¿no? Eso parece, querida conciencia, pero tengo que apoyarla, no puedo quedar como el damiselo en apuros. —En efecto, como lo dice mi asistente, esta situación es bastante grave, señorita y no me imagino que hubiera pasado si mi hermano fuera el que la hubiese descubierto. Él fue enfático en señalarme que le había dejado las cosas en claro y que nosotros, como constructora, jamás utilizaríamos este jueguito de seducción. Me indigna saber que gente como usted se encuentra en tan altos cargos se aproveche de eso para sacar algo de ventaja—la cara de la “Señorita”, que hasta ahora ni el nombre le sé, es todo un poema y no es para menos, le aguamos la fiesta—. Rocío, por favor toma tus cosas que ya no tenemos nada que hacer aquí. —Se…Señor O’Connor, no se vaya, lo siento, pero… pero…. —No lo sienta y no busque peros señorita, haga su trabajo como debe de ser y déjese de buscar marido o amante o lo que sea con los empresarios con los que le toca relacionarse, es muy bajo, señorita, respétese a sí misma. —¡Con el único que lo hice fue con su hermano! — sí, claro, como no y yo creo en las mujeres. Niego con mi cabeza y me levanto de la silla, Rocío me sigue y toma nuestras cosas. Para cuando estamos en la puerta el sollozo de esa mujer es molesto, eso era lo peor cuando a una mujer la rechazan llora como magdalena para dar lástima, como si no fuera la culpable de hacer esas estupideces, así que me doy la vuelta y la encaro. —Espero que eso sea verdad, señorita. Salimos sin mirar atrás y cuando ya estábamos en el ascensor la carcajada sonora de Rocío me dejó con cara de loco. —No me mire así, ¿dígame que no fue divertido todo lo que pasó ahí adentro de esa habitación de hotel? Es que—carcajada— la pobre mujer—carcajada y lagrimas saliendo por esos ojitos avellana ¿qué digo? ¿ojitos avellana? — estaba lista para la lucha con su hermano y llegamos nosotros— carcajada y ahora se aprieta el estómago—¡Dios, me voy a hacer pis! ¡Ya deje de mirarme así! Cuando la puerta se abrió en el lobby del hotel, Rocío a penas y se podía mover de la risa y las ganas de ir al baño, que me pidió unos minutos y desapareció. A los pocos minutos, volvió con una gran sonrisa en los labios y respirando mejor, lógico, lo más probable es que haya evacuado y no me refería solo a la risa que tenía. —¿Ahora si estarás más profesional? —Perdón, perdón, pero es que esa mujer—y nuevamente una sonora carcajada que sacó a más de alguno de lo que estaba haciendo. —Toda esta situación me dio hambre—fue lo que se me ocurrió decir y Rocío me miró como si estuviera loco y volvió a reírse, pero esta vez no me molesté, ya era mucho el tiempo que había estado aguantando, así que mientras entrábamos en la camioneta solté mi propia risa. —Le sienta bien reírse, señor O’Connor. —Creo que es el primer cumplido que me das en la vida, lengua viperina. —Pues ¿gracias? — ambos volvimos a reír y como todavía no conocía la ciudad le pedí al chofer que nos llevara a algún lugar a desayunar. El chofer se llamaba Rubén y por lo que nos comentó es muy buen amigo de mi prima, así que nos llevó a su lugar favorito. Frente a nosotros se encontraba una hermosa cafetería al estilo francés, entramos al lugar y de reojo vi a Vannah comprando algo así que nos acercamos a ella. —Hola amiga querida ¿cómo te sientes? ¿Cómo siguen Nath y el pequeño? —le pregunta Rocío mientras ambas se abrazan. —Yo, bien. No me pasó nada más que unos pequeños rasguños y debo decir que eso fue gracias a tu hermano Chris. —con Rocío la quedamos mirando y al parecer ella tenía mucho que contar—. Vamos por una mesa y los pongo al día con todo lo que ha sucedido en estas horas. Y eso hicimos, nos sentamos los tres en una mesita cerca del ventanal, mientras Vannah nos recomendaba que comer y beber, cuando el mesero tomó nuestra orden Vannah nos comenzó a contar porqué tenía ese moretón en la cara y como ese desgraciado de Darlan estuvo a punto de matarla, si no fuera porque mi hermano la ayudó, después de que nos trajeron el café y los pastelitos que pedimos la conversación se hizo más fuerte y cuando nos contó como el desgraciado de Volov le disparó a Jex y todo el caos y revuelo de la situación. —Pero lo que no les he dicho es que hace un rato Jex despertó y hubo acabo de mundo. —¿A qué te refieres, Vannah? —A que el insulso de tu cuñado echó a la pobre hermana Ángeles de su habitación, la trató pésimo y no siendo menor, tu prima lo mandó a freír espárragos, le advirtió que si no escuchaba a la hermanita mejor que se fuera despidiendo de ella. —Me parece bien lo que hizo Dani—dice Rocío limpiándose el chocolate que tiene en la comisura de sus labios. —¿Qué? ¿Por qué? Bueno entiendo la molestia de ella con lo que está sucediendo, pero si Jex no quiere ver a la hermana como su madre no lo puedes obligar. —Eso es cierto, pero también lo es que ninguno de nosotros es una blanca paloma, Chris. Todos, de alguna forma un otra tenemos tejado de vidrio— Rocío asiente y yo me quedo pensando en eso—. Y si tan bíblicos estamos, el que esté libre de pecado… —Que lance la primera piedra—completo la oración y ambas asienten. —Es por eso que creo que Dani le dijo lo que le dijo, no fue por un mero capricho y porque no lo quiera. Esa chica de verdad ama a ese incordio. —Me encantaría encontrar un amor así de explosivo—dice Rocío de la nada. —Todas, mi querida amiga, todas, pero eso es a penas una en un millón de probabilidades. —Pues espero romper ese molde, Vannah y también lo espero de ti. Las miro pensativo, ¿será cierto que un amor así sea posible? Las veces que he creído estar enamorado al final he salido perdiendo y no ha habido ninguna mujer que me haya logrado sacarme eso de la cabeza, salvo… —Te quedaste muy callado, Chris. —Perdón Vannah, solo me quedé pensando en lo que nos pasó hoy en la mañana. —¿Qué les pasó?—pregunta curiosa y Rocío comienza a contarle lo sucedido en ese cuarto de hotel. Sus risas escandalosas llenaron el lugar y aunque en algún momento sentí un poquito de vergüenza, al final las seguí. Al final, la mañana no había sido tan mala como lo pensé y debo decir que Rocío superó con creces esta prueba. Cuando terminamos de comer, decidimos dejar a Vannah en el hospital y aprovechar de ver al incordio de mi cuñado. Mi papá seguía ahí y por lo visto James había pasado a dejarle algo de ropa a él y a mi prima que se encontraba en la cafetería del hospital con Blue y la hermana Ángeles. Cuando terminamos la visita mi padre me pidió que fuera a la oficina y cerrara algunas reuniones con Aaron, todo normal para un día que había empezado caótico. Al ver a James, Rocío le contó todo y nuevamente su risa me contagió, por lo que me decidí a hacer algo distinto. —Oye víbora de cascabel, ¿Quieres ir a cenar conmigo? —¿Seguro, señor O’Connor? No vaya a ser que se envenene de tanto estar conmigo. —No lo creo, pero de ser así, asumo el riesgo. Le guiñé un ojo y su risita contagiosa me encantó. Hoy, habíamos sido dos perfectos compañeros de trabajo y quería premiarla por ello, si me enveneno con la comida sabía que ella cuidaría, ¿Por qué? Ni yo mismo lo sé, pero Rocío Arismendi se había ganado mi confianza. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2411069042692
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