Capítulo 30

1736 Palabras
Chispas Risas, buena comida e increíblemente una buena conversación es la que estamos teniendo con la víbora de cascabel. Llegamos hace más de dos horas y con suerte hemos terminado el plato de fondo, es que esta mujer tiene más historias que el libro gordo de petete y juro que nunca me había divertido tanto con nadie. Bueno, eso no era tan así, a mi mente volvían los recuerdos de mis semanas en España con esa Madrileña que me robó el corazón. —Y lo mejor de todo fue cuando… ¿Señor O’Connor? ¿Pasa algo? —Perdón, estaba recordando algo, ¿me decías? —A bueno, le contaba cuando llegó ese idiota de Villarreal, dándoselas de macho alfa lomo plateado y ordenando como si fuéramos sus sumisas. —¿Y cómo fue posible que Dana le aguantase? —Es que en realidad no se las había aguantado, lo que pasa es que Dana es una mujer políticamente correcta y le dijo de la mejor forma que se fuera a la mierda, pero él no entendía ni aunque se lo dijeran con peras y manzanas. —¿Y qué pasó? —inquiero ansioso por saber esa parte que Thomas no me había contado. —Dana explotó y lo mandó directamente a la mierda, le dijo que jamás había dejado botado su trabajo después de que el tipo comenzó a berrear supimos que él era quién había estado metido en nuestra baja de clientes y el idiota le pedía que fuera su amante para recuperarlos. —¡No!—digo cubriendo mi cara, es que de solo escucharlo me imaginaba lo que ella me decía. —En serio, pero lo que no se esperaba el tipejo ese era que mi querido Thomas llegara en plena reyerta y le lanzara la artillería pesada. —¿Cómo? No estoy entendiendo. —Simple, Thomas entró como Pedro por su casa y después de un encontronazo entre los dos, que le soltó más de un diente al tipejo eso apareció la guinda del pastel y eso fue ver a la esposa de Villarreal en la puerta. —¿Y qué hizo es mujer? —Ella le dijo a Thomas que lo llamaría para el divorcio y todas esas cosas legales, para luego salir de ahí con el tipo suplicándole de rodillas y diciéndole que Danna era la que lo estaba chantajeando. —El tipo era un verdadero idiota, bien merecido se lo tenía. —Así es, por suerte Thomas apareció y nos liberó de ese energúmeno. El resto es historia, Thomas y Dana decidieron volver a este país. Dana aceptó la idea de Alma para crear ASS. Inc. y paralelamente seguir trabajando en España con Newton y Antonio en la empresa de publicidad. —¿Y qué te hizo venir a ti? Me imagino que trabajar allá también era cómodo, por lo que me has contado todos tus jefes son buenas personas y el ambiente laboral se escucha bien. —Pues si, era cómodo y tranquilo, pero sentía que algo me faltaba y ya nada me ataba a España y quería algo más para mí, aunque no pensé que sería trabajar con ustedes por un tiempo, pero como sería provisorio mis mentadas vacaciones tendrían que esperar. —Así que interrumpimos tu merecido descanso—digo en tono dramático y ella vuelve a reír y mierda, cómo me gustaba escuchar su risa. Era chispeante y contagiosa. —Y usted señor O’Connor ¿Qué lo trajo a este país? —Un golpe de conciencia— digo tomando un sorbo de mi copa de vino. —¿Cómo es eso? —Después de mi fallida última relación me volví un estúpido desalmado que disfrutaba de el día a día, había dejado mis estudios y no me importaba nada ni nadie, era un completo loco de patio. Hasta que un día, alguien me dio un golpe de realidad, me dijo que lo tenía todo para ser feliz y que si quería autodestruirme mejor que me lanzara por el barranco que con eso le hacia un bien a la humanidad. La escucho carraspear y luego toser lo que me preocupa, así que me acerco a darle unos golpecitos en la espalda. » ¿Todo bien? —Sí, perdón es que ya es un poco tarde y bueno, mañana debemos trabajar, ua sabe. —Pero aún falta el postre— me mira y sus ojos se abren como platos—No… no pienses mal, aquí sirven unos posttes muy ricos. —Perdón, es que yo pensé que… —Pues no me has dejado de contar porqué vine aquí y en realidad después de hablar con ese ángel/fantasma me decidí a hacer las cosas bien, me titulé y tomé mi lugar en la empresa. Le había hecho caso a esa alucinación y mi vida cambió en ciento ochenta grados, luego seguí a mi hermano en esta nueva travesía y aquí me tienes, disfrutando de una buena cena con grata compañía. —Interesante. —¿Lo crees? —Por supuesto, es bueno que esa persona apareciera en su vida ¿No lo cree? —Claro que sí, pero mejor sigamos con el postre y luego te iré a dejar a tu casa. El postre vino con el café y unas cuantas historias más, debo decir que fue una buena velada, en donde ambos supimos algo más del otro. Las semanas pasaron y debo decir que trabajar con la víbora de cascabel ha pasado a ser un agrado, ella es muy buena en lo que hace y disfruto mucho de su compañía. Mi hermano estaba viviendo su luna de miel con su Moritas, ambos estaban saliendo, aunque se supone que nadie lo sabe, pero es un secreto a voces, mi padre seguía con la loca idea de ser el mecenas del orfanato y mi hermosa prima por fin había perdonado al idiota de mi cuñado, era como un happy ending lo que estaba pasando y eso me hacía muy feliz, pero como todo no es miel sobre hojuelas, estamos el día de hoy trabajando en los últimos detalles de la licitación para la alcaldía y sí teníamos suerte lo lograríamos. —Necesito las especificaciones del cemento y los áridos — grito a todo pulmón desde mi oficina. —Si pretendes que te haga caso te falta una hermosa frase, O’Connor. —Ay, perdón su majestad, ¡Por favor! —Ahí si nos vamos entendiendo. Y sí, desde hace ya un tiempo nos tuteábamos, pasábamos tanto tiempo juntos que era normal que el trato de villanos era entretenido y hasta excitante. La rutina diaria era cada día mejor y pronto papá le cedería el puesto de ceo a James y yo asumiría como vicepresidente, lo que traería consigo que Rocío dejara de trabajar con nosotros al instalarnos en nuestra nueva sede, por lo que había hecho algunas cosillas para retrasar la entrega del edificio de nuestras oficinas. No me juzguen, estaba buscando la forma de que ella se quedara con nosotros y hasta el momento estaba funcionando. —¡Hey, O’Connor! —¡¿Qué, Arismendi?! —No encuentro esos documentos. —Déjame ayudarte. Salgo de mi oficina para ir a la de mi hermano, donde se encuentra Rocío sobre la pequeña escalerilla de mano buscando el mentado archivo que parece que no se dio cuenta que estaba en el escritorio de James. —Esto es imposible, ¿Cómo pudo haber desaparecido ese archivo? ¿De qué te ríes?— sí, no aguanté. Estoy apoyado en el escritorio de James con el archivo en mis manos y negando con mi cabeza. —Lo siento, lo siento es que me parece divertido que estés en esa escalerilla sin haber revisado esto— le muestro el archivo y ella abre sus ojazos almendrados. —¡Chris!— intenta bajar de la escalerilla, pero su pie se desestabiliza, por lo que la veo como cae en cámara lenta y mi cuerpo reacciona al instante para alcanzar a tomarla en mis brazos. —Te tengo, oye deberás hacer dieta, estás un poquito pesadita. —Bájame, idiota. —Perdón señorita yo todo lo puedo, pero que no es capaz de bajar una escalerilla. —Lo siento, gracias don caballero de brillante armadura—Ambos reímos por el momento incómodo, era todo natural, pero hubo un click, como si sientos de chispas explotaran en ese momento—¿ Ya me puedes bajar? —Sí, sí, claro, por supuesto. —¡Hazlo ya, Chris! La bajo delicadamente y ella se queja al poner sus pies en el suelo. —Creo que deberé llevarte a la enfermería. —No es nada, solo me torcí el tobillo. —Eso lo dirá la enfermera — la vuelvo a tomar en brazos y ella chilla como loca, salgo con ella de la oficina y camino hasta el ascensor. —Ya bájame, Chris, de verdad que puedo desplazarme. —Deja de quejarte y soporta, mujer. Su aroma a canela envolvía el aire de la caja metálica y me aprovecho de sentirla, está tensa y molesta, pero igual me tiene agarrado del cuello como si pensara que la voy a soltar. Cuando llegamos a la enfermería la señora a cargo la examina y después de unos minutos le indica que debe tomar unos calmantes, antiinflamatorios y hielo para bajar la inflamación. Vuelvo a tomarla en brazos y en vez de subir por sus cosas la llevo hasta mi auto. —Por hoy, terminamos de trabajar. Ahora, es momento de que descanses, te llevaré a casa. —Pero ¿mis cosas? —Tranquila, no se van a escapar de ahí. —Y ¿cómo pretendes llevarme a mi departamento si no tienes mis llaves?, idiota. —Buen punto, quédate aquí. Subí nuevamente a la oficina y tomé sus cosas, las mías y las carpetas que me faltaban para terminar mi exposición. Al llegar al auto, la veo enfurruñada y discutiendo consigo misma, se ve tan linda. Saco ese pensamiento de mi cabeza y me subo al asiento del piloto. —Vamos mi víbora damisela. —Genial, ahora dependeré de ti. —Pues agradéceme desde ya, soy un excelente enfermero. Esto sería interesante, por cuidarla tendré el placer de conocer su humilde morada. «Eso Chris, veamos que nos esconde la víbora de cascabel» ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2411069042692
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR