Creo que la cagué p1.
Entré al departamento de mi nueva amiga y debo decir que quedé sumamente sorprendido.
—Fiu, hermoso lugar, viborita.
—¿Debo de agradecerle, señor O’Connor?
—Pues claro, el lugar es precioso, me encantan los lugares amplios y con la tabiquería al aire.
—Su hermano me ayudó a encontrarlo, de alguna forma u otra quería algo de España aquí.
Y así era, en las paredes había fotografías y posters de Madrid, las ramblas y las corridas de toros, busqué con la mirada fotos de ella, pero nada.
«Puede que no le guste que la fotografíen »
Puede ser…
—Ahora ¿sí me puede bajar?
—Dime dónde está tu habitación — sí, aún la llevaba en brazos, ya me había acostumbrado a su peso.
—Es la primera a la derecha.
—Perfecto.
Entro a con ella a su habitación y nuevamente me quedo sorprendido, los muebles son en madera natural y están estratégicamente ordenados, no hay nada que esté fuera de su lugar.
«Realmente es mi némesis»
La poso despacio en su cama y aprovecho de sacarle los zapatos.
«Todo en modo amigos, obviamente» y luego la cubro con una manta.
—Bueno, viborita es hora que te tomes la pastilla e iré a buscar hielo para tu pie.
—Gracias, de verdad que no debe molestarse, yo puedo.
—Deja de hacer esta escenita, te aguantas y aprovecha que estoy de buen ánimo, no seas insoportable y como le prometimos a James llevemos la fiesta en paz.
—Esta bien— me dice agachando la cabeza, y ya me siento victorioso.
Ro27363636226 – Yo1
—¡Amo, ganar!
—¿Qué cosa, señor O’Connor?
—Oh, nada, nada un lapsus, déjame ir a buscar las cosas para que te puedas deshacer de mi pronto.
Estoy en la cocina buscando dónde colocar hielo cuando reviso en el refrigerador y ¡Dios! Acabo de tener un orgasmo culinario.
Hay pata de jamón serrano, quesos varios, encurtidos y todo cuanto un buen cocinero como yo le gustaría tener. Saco de todo un poco y preparo unos deliciosos sandwiches, si me precio de buen cocinero, no creo que la víbora de cascabel se moleste ¿no?
Tomo la bandeja con mis obras de arte, un vaso de agua y la bolsa de ziploc donde coloqué los hielos y me encamino hacia la habitación de mi nueva amiga viboresca.
—Ya pensaba que se había ido— me dice y abre los ojos cuando ve lo que traigo — ¿hizo unos sandwiches? ¿No le bastó con todo lo que comimos en la cena?
—Pues gracias, Rocío, lo hice con mucho amor, hice algo de comer porque la pastilla es fuerte y te puede hacer mal al estómago.
—Sí, claro y yo soy su ángel/fantasma.
Mi risa aparece de la nada y ella me sigue, es que la broma fue demasiado buena, pero justo mi teléfono nos interrumpió.
—O’Connor.
—Buenas noches, le hablo del bar de Dominik, el señor James no se encuentra en buenas condiciones y me pidió que lo llamase.
—¿James? Me estás hablando de mi hermano ¿James? ¿Alto, colorín, ojos azules y cara de pocos amigos?
—Ese mismo— responde la voz de la chica al otro lado de la línea.
—¿Qué sucede? ¿El señor James está bien?— me pregunta Ro y yo le hago una seña para que espere.
—¿Me puedes mandar la dirección? Yo salgo de inmediato.
—Por supuesto, se la envío por w******p— la información llega de inmediato, por lo que me levanto y tomo mis cosas, incluyendo mi delicioso sandwich.
—Te debo dejar, pero no hagas burradas, cuídate ese pie y mañana me esperas para llevarte al trabajo.
—¿Qué? ¡No! Preocúpese por su hermano, yo veré como llego.
—De eso nada que hablar, te veo mañana a las ocho treinta…
Me muevo rápido por las calles de la ciudad y aunque quiero llegar pronto un accidente me detiene por cerca de una hora, aprovecho de llamar nuevamente al teléfono de mi hermano y le aviso a su acompañante de lo que sucede, ella me responde que el bar está abierto toda la noche y que se está encargando de mantener a raya a mi hermano.
—¿Qué fue lo que te pasó James?
Mientras manejaba me comía mi delicioso sandwich y me reía solito de de lo pasado en este día. Creo que doña víbora de cascabel hoy pasó la prueba, pero no le quitaré el ojo de encima, todavía hay cositas que me provocan cierto recelo.
Al llegar al mentado bar, entro como si fuera un pistolero del farwest, encontrándome con el cuerpo de mi hermano recostado en la barra del bar.
—Y a este ¿Qué mierda le paso? James, oye idiota despierta.
—Tu debes ser Christian, mucho gusto, soy Shannon la que te llamó— ¡Ay que linda! Pero si es la bartender, así que con la molestia de ver a ese idiota como cuba la enfrentl.
—¿Por qué le diste tanto de beber?— el muy idiota se da la vuelta y me esboza una sonrisa que estoy a punto de borrar.
—Shannon, este es mi hermanito, Chris. Chris, esta es Shannon, mi nueva amiga.
—Idiota, estás ebrio hasta las masas. No sé que mierda te pasó, pero no puedes hacer esto, tu eres el futuro ceo de la empresa y si alguien te ve así puede ser un problema, imagina y te ve un periodista—¡Diablos! ¿Todo eso salió de mi boquita? ¿No era yo el loco de la familia?
—Ya cállate, Chris. No te llamé para que vengas a hacértelas de hermano mayor, ese es mi trabajo— me dice hipando y se levanta a duras penas y de nuevo, como si fuera en cámara lenta se tropieza y cae desmayado.
—¡Señor! ¿Qué hice en mi otra vida para merecer esto? ¿Me puedes ayudar?
—Sí, claro.
La chica, sale de la barra y junto a otro hombre que aparece de la nada me ayudan a colocar a la piltrafa humana en mi auto.
—Gracias — es lo único que se me ocurre decir cuando la chica me entrega su celular y la billetera.
—No se preocupe, su hermano pagó por adelantado y por favor cuídelo, su novia parece que lo dejó.
—¿Su novia?— a ver, a ver, este pajarito me está escondiendo algo, interesante.
—No te preocupes, yo lo cuido y nuevamente gracias a los dos.
Enfilo mi camino hasta nuestro departamento, mientras escucho los sollozos de mi hermano, al parecer su ama lo cortó, pero ¿Por qué habla de Savannah?
—Moritas, no me dejes, yo te amo a ti y a Queen por igual, me da lo mismo— dice en su arranque de ebriedad y yo no sé si reír o llorar por este.
—Ay, hermano. Creo que te volviste loco por esas dos mujeres.
Como pude y con la ayuda del guardia de seguridad del edificio lo subimos a nuestro departamento, al llegar, mi hermano ya estaba un poco despierto y antes de que lo deje en su cama corre raudo al baño a vomitar.
Me despido del guardia y le agradezco su amabilidad, cierro la puerta y vuelvo con mi hermano que está vomitando hasta el alma en ese baño.
—¡Mierda!, James ¿Qué te pasó?
Cuando ya no le queda nada más en su estómago lo ayudo a desvestirse y lo meto en la ducha fría.
—Necesitas quitarte ese olor asqueroso.
—No me importa, me quiero morir.
—No seas tan dramático, hermano. Ya se te pasará la borrachera y me contarás todo.
Quedamos absolutamente mojados, porque ni loco lo dejaba solo, cuando ya empecé a castañear mis dientes cerré el grifo del agua y lo ayudé a secarse, lo dejé sentado en su cama y yo me fui a la mía para cambiarme.
—Necesito llamar a Loren, me va a matar, pero justo es el indicado para estos casos.
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