Capítulo 32

1349 Palabras
Creo que la cagué p2 El timbre del teléfono sonó cuatro veces y justo cuando iba a colgar la voz pastosa de mi nano personal se escucha al otro lado de la línea. —Joven maestro, éstas no son horas prudentes para llamarme, ya sabe que mi sueño reparador debe ser de ocho horas, ya no soy un jovencito como ustedes. —Lo siento, Mi querido Watson, pero necesito de tu ayuda en carácter de urgente. —¿Qué es lo que sucede? Una nueva misión. —Pues algo así—digo sopesando la información que le daré. Naaaa, mentira—, James está ebrio como cuando me encontrabas antes a mí en los bares de Dublín, por lo que requiero de tus servicios. —¿La sopa levanta muertos?—me pregunta con la voz más clara, definitivamente ya lo desperté. —Exactamente. —Deje encender la luz y busco la receta. Unos cuantos minutos después y conmigo aún en traje de Adán y muriéndome de frío, coloco el teléfono en el altavoz para buscar algo que ponerme y escuchar las indicaciones de nuestro mayordomo. —¿Ya está decente? —¿Cómo supiste que estaba en pelotas? —Me lo imaginé, si tuvo que bañar a su hermano porque debe haber vomitado hasta el alma después de esa borrachera lo más probable es que usted se haya mojado también. —¡Dios, hombre! No sé por qué me imagino que tienes una cámara oculta en esta casa— la risita de Loren inunda mi habitación y me pregunto cómo seguirá ella ¿Se habrá dormido? ¿Le seguirá doliendo? —¿Ya se vistió? —Estoy listo, voy a la cocina. Mientras Loren me señala los ingredientes y yo los busco en el refrigerador y la despensa me fijo que faltan muchas de las cosas que vi en la casa de ella y hago una nota mental para preguntarle la marca del jamón serrano, pero es que el sándwich estaba delicioso. Termino de colocar los ingredientes en la olla y dejo que estos hiervan como me indica Loren y aprovecho de conversar con él, pero el viejo ese me recuerda la diferencia horaria y me dice que tiene demasiado sueño y que ya faltaba poco para que la sopa estuviera lista. Ya pasaban de las tres de la madrugada, creo que también me tomaría un tazón de sopa porque sino nadie me podría levantar en la mañana, sirvo dos cuencos y los coloco en la bandeja con una botella de agua y las aspirinas para el enfermo de amor. Entro a la habitación de James y aún sigue con la toalla puesta y sentado en la misma posición que lo dejé. —¿Estás despierto?—pues claro que sí, idiota ¿No ves que está sentado igualito a como lo dejaste? —Me siento como la mierda, hermano. —Pues te traje la solución, acomódate para que te la dé. James se coloca en su costado de la cama y se cubre con la colcha, yo dejo mi cuenco en la mesita de noche y le coloco la bandeja en sus piernas. —¿Y esto?— mira con desagrado mi obra de arte y yo lo miro muy, pero muy feo. —Come y calla, así se llama y si no tomas esas cuchara te prometo que yo mismo te la daré. —Es que no tengo hambre— me dice volviendo a sollozar. —¡Te la comes y punto! Ambos comenzamos a comer la sopa y debo decir que me quedó deliciosa, aunque estaba más rico el sándwich, pero ya hablaría con la viborita de Cascabel. Como dije necesito esos ingredientes en mi despensa. Dejo mi cuenco vacío y me limpio la boca, aprovecho de acomodarme bien en la cama y me cubro al igual que mi hermano. —¿Me dirás lo que sucede? —No lo sé — dice negando y dejando su cuenco en la bandeja. —Pues bastante le dijiste a la bartender y que conste que no estoy celoso, es que la chica parecía confiable y me habló de que tu novia te había dejado. —Pues es verdad, Queen terminó nuestro contrato. —¿Y eso no es bueno?— yo sabía que mi hermano no era de esos del b**m y me parecía muy extraña su relación con esa mujer, tanto secretismo era muy molesto. —Es que Queen es Savannah, Chris. —¿Qué Queen qué? No me jodas, James ¿Cómo que tu dominatriz es la dulce y tierna Moritas? —Pues así es, Chris. Mi hermosa diosa de fuego es la misma desordenada y loca doctora amiga de los Scott. —¿Y cómo te enteraste? —De eso hace ya semanas, ¿Te acuerdas cuando tenía el cuello y las muñecas marcadas? —¡Cómo olvidarlo! —Pues a los días después me enteré qye la chica que me gustaba era la misma que me follaba cuando le daba la regalada gana. —Uy que gráfico, hermanito. —No me jodas si quieres que te cuente. —Perdón, perdón. Prosigue. —Estas semanas me he estado quedando con Savannah, después de que lo supe me propuse enamorarla y que ella me eligiera a mí por sobre sus gustos, pero al final me equivoqué. Hoy quedamos de reunirnos como Queen y Ángel. —¿Ángel?— le pregunto, mientras me coloco de lado para verlo. —Ese fue el nombre que me dieron en el Shine. —Ah…— le hago el ademán para que siga y el suspira. —Yo iba dispuesto a decirle que la amaba tal y cual era, como Savannah o como Queen, ya de eso me había dado cuenta y quería formalizar con ella, pedirle matrimonio y que fuera mi ama y señora. James ríe y llora a la vez, se ve tan mal que no aguanto y me acerco a él y lo abrazo. » ¿Pero sabes qué fue lo peor de todo? Al final era yo el único enamorado, ella también sabía quién era yo y me usó, todos esos días que estuvimos juntos fueron una mentira y ella me lo recalcó rompiendo frente a su nuevo sumiso el contrato y ofreciéndome quedarme con otra mujer que no fuera ella. Sentí tanto asco de mí y de todo alrededor que hui y el resto, pues ya lo sabes, me emborraché como nunca y ahora siento un vacío enorme en el pecho. —Si ella fue capaz de hacerte eso no vale las lágrimas que estás botando, hermano. Hay cientas de mujeres que estarían felices de estar contigo. —¡Pero yo la quiero a ella! —Tranquilo, James. Esto pasará y en algún momento de nuestras vidas lo recordaremos como una anécdota más de los hermanos O’Connor, ya lo verás. —No lo sé, no creo que lo pueda superar. —Tú eres más fuerte que yo, James. Sé que lo superarás y yo estaré a tu lado como siempre. El llanto de mi hermano fue menguando y de un momento a otro sentí como su respiración se hacía más lenta y calmada. Lo acomodé en su lado y yo me quedé velando su sueño, pensando en lo que me había contado. Definitivamente, los hermanos O’Connor no teníamos suerte en el amor y si esa Savannah se ponía frente a mí le diría unas cuantas verdades, porque con un O’Connor nadie juega. A la mañana siguiente despertamos hechos bolsa, por suerte papá no nos notó y salimos temprano a trabajar y como lo había prometido pasamos primero por la viborita de cascabel, la que se sorprendió al vernos a los dos, pero era eso o ir a buscar el auto de mi hermano al bar ese. Estas semanas serían complicadas y con mi hermano con el ánimo por los suelos tendría que hacer el peso y espero que Rocío de la talla. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2411069042692
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