Capitulo 33
Creo que la cagué p3
Dije que estas semanas serían como la mierda, pues le di en el clavo.
No hemos parado de trabajar todos estos días y James está a nada de viajar a Dublín para hacer el traspaso antes de asumir como ceo de la empresa familiar.
¿Cómo está mi hermano? Pues como la mierda, poco duerme y ya Shannon ha pasado a ser nuestra nueva amiga, porque ese idiota se la pasa en las noches en el bar.
Por mi parte, estoy a full en los últimos preparativos de mi exposición para la alcaldía y en cuanto a Rocío, pues me soporta y trata de hacer las cosas a la par mío. No me quejo, ella ya se ganó mi confianza y aunque no me soporta hace sumamente bien su trabajo.
No hemos vuelto a salir, pero sí almorzamos todos los días aquí en la oficina. Mi primita bella nos está ayudando con los temas legales, mientras Thomas se está encargando de un nuevo caso, creo que sobre un asesino serial o algo así les escuché el otro día.
En cuanto a la mustia de la tal Savannah no hemos tenido noticias, está absolutamente desaparecida y se lo agradezco, es lo mejor para mi hermano. De verdad que espero que no se aparezca porque le diré sus cuantas verdades.
—Chris… ¡Cristian O’Connor!
—¿Qué pasa?
—Te estoy hablando hace cinco minutos y no me has respondido nada de lo que te pregunté.
—Perdón, es que estaba pensando en una estupidez ¿Me decías?
—Cambié esto en tu exposición, creo que debemos recalcar la visión de tu padre sobre la creación de sueños más que en solo crear edificios.
—Me gusta, sí, me parece el cambio. ¿Algo más que cambiar?
—No, nada más, en diez minutos nos vamos a la alcaldía ¿James irá?
—Noup, estamos solos en esto viborita, así que prepárate para la batalla campal.
Y como si fuera un relojito suizo, mi víbora personal me estaba apurando faltando nueve minutos para salir. Subimos al ascensor y yo sigo peleando con la maldita corbata, es que odio los trajes de tres piezas, para mí son los jeans y las camisetas, yo trabajo en la obra como cualquier obrero de la construcción y andar de señorito no es lo mío.
—A ver, deja que te arregle eso, la vas a romper.
Rocío toma la corbata y la estira, luego posa sus manos en mi cuello y un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando lo levanta y coloca la mentada amarra en él, con sumo cuidado hace el nudo y luego lo ajusta y juro que me voy a correr con ese solo acto.
¿Qué me pasa? ¿Tan necesitado estoy?
« No pienses estupideces, Chris, ella es tu empleada y tú le caes de la patada, jamás se va a fijar en ti »
Me grita mi conciencia y yo estoy haciendo un esfuerzo sobre humano para soportar las ganas de levantarla en este lugar y mostrarle las ganas locas que me está provocando.
—Todo listo— me da unos golpecitos en el pecho y termina de arreglar mi saco, justo cuando se abre la puerta del ascensor y sale como si nada dejándome respirando rápido y con mi compañero de batallas en posición firme. Me arreglo como puedo el desastre que tengo en el pantalón y salgo detrás de ella…
Luego de escuchar todas las exposiciones y haber dado la mía con la seguridad que me daba el haber hecho bien el trabajo, estamos escuchando la última exposición, es en ese momento que noto como el expositor le hace caritas a la vieja esa que se quería comer con mantel blanco a mi hermano y mi yo pandillero sale a relucir, por lo que tranquilamente me acerco a la vieja esa y le digo al oído.
—Recuerde lo que conversamos “señorita” no quiere conocerme molesto.
—Se… Señor O’Connor.
Le doy mi mejor sonrisa angelical y salgo hacia los baños, era obvio que tenía que hacerlo con un motivo y que no se notara que estaba amenazando a esa vieja. Dejé correr el agua del grifo y me miré al espejo.
—Sos el mejor— me vanaglorio frente al espejo y tomo una toallita para secarme las manos y volver al auditorio.
—¿Qué fue eso, Christian?— me pregunta al oído mi viborita personal y a mí me vuelve a dar el calorcito en esa parte noble que está en desuso.
—Nada, viborita. Solo le recordaba a esa señorita — hago las comillas con mis dedos— nuestra conversación del otro día.
—Pero cómo se te ocurre, puede que esa vieja se moleste.
—Tranquila, mi lengua viperina, lo tengo todo bajo control.
—Eso espero, Christian.
Cerca de las cinco de la tarde y con una sonrisa de oreja a oreja estamos saliendo de la alcaldía.
—Voy a llamar a papá y James.
—De verdad te luciste, Christian.
—Pues también tú, Rocío. Gracias por apoyarnos en todo momento.
—No fue nada, es mi trabajo y lo hago con todo gusto.
Nos subimos al auto y le comento a papá que está con mi hermano que todo salió a pedir de boca, habíamos ganado la licitación y por fin podríamos poner en práctica nuestro deseo de hacer que O’Connor e hijos sea reconocida en este país.
Papá nos invitó a cenar y después de haber pasado una grata velada con mi familia y Rocío nos fuimos a casa con el corazón y el estómago llenito después de un gran día.
Dos días después estoy en la habitación de mi hermano ayudándolo a hacer su maleta, pero justo suena mi teléfono y es Rocío.
—Voy a contestar y vuelvo.
—Ve, hermano, yo puedo hacer esto solo.
—Si, claro ¿Y si se te olvida la máquina de afeitar?
—Pues me compro una nueva, ve y contesta ese teléfono.
Salgo de la habitación y contesto antes que la viborita me corte.
—¿Para qué soy bueno?
—Hola, Christian ¿Tu hermano sigue ahí?
—Sí ¿Por qué?
—Es que no contesta el teléfono y necesito que me firme unos documentos.
—Tranquila, yo le digo que te espere, su vuelo no sale hasta en cinco horas, así que te esperamos.
—Gracias— antes de que corte le hablo.
—¡Rocío!
—¿Si?
—Puedes pasar a comprar a esa pastelería cerca de la oficina unos pastelitos, es que tengo ganas de comer algo dulce—la escucho bufar, pero acepta sin problema y hago mi bailecito mental pues ahora me hace caso en todo.
«Otra victoria más»
Voy a la cocina para preparar café, mientras espero mis pastelitos y le grito desde ahí a James que Rocío viene en camino. Escucho el Okey de mi hermano y continúo con mi brebaje, cuando suena el timbre.
—¿Tan rápido llegaste viborita?— camino a la entrada y abro la puerta, pero no es Rocío la que está frente a mí, sino que la innombrable—¿Qué mierda haces aquí Savannah? — digo absolutamente molesto.
—Hola Chris, ¿Puedo hablar con James?— la veo con un cabestrillo y una bota ortopédica ¿Habrá tenido un accidente y por eso estaba desaparecida?
«No la compadezcas, ella le destrozó el corazón a tu hermano»
—Él no está y no creo que quiera verte— le hablo golpeado, pero ella intenta entrar, por lo que me cruzo en su camino y no la dejo.
—Chris, esto es importante, solo dime dónde está para poder ubicarlo, de verdad que quiero hablar con él.
—¿Y para qué? ¿Para decirle nuevamente tus idioteces? ¿ya te aburriste de tu nuevo juguete y quieres retomar con mi hermano?
—¡No! No es eso, solo dime donde encontrarlo, por favor.
—No sé qué mierda le dijiste a mi hermano, pero él decidió irse y hacerse cargo de la empresa en Dublín — espero que James no salga y me eche a perder la mentira, pero ella debía aprender que no se puede jugar con los sentimientos de los demás.
—Necesito verlo, Chris— ¿me está suplicando? ¿Qué le pasa?
—¡No! Te lo prohíbo, déjalo tranquilo Savannah, ya le hiciste suficiente daño al demostrarle que no era nadie para ti ¿y sabes lo que más me molesta de todo esto? —Estoy respirando por la herida, pero sabía que James no sería capaz de decirle todo esto.
—¡No lo digas!
—Pues lo tendrás que escuchar, James iba a pedirte matrimonio, te ama, perdón, te amaba con todo su corazón y a ti te valió mierda sus sentimientos. ¡Lo destruiste!
—Tienes razón, Chris. Eso hice y no sabes cuánto lo siento, por eso quería pedirle perdón, no quiero que se odie a sí mismo, esto era un problema mío y no de él. Tienes razón, fue una estupidez venir a verlo, por favor si hablas con él dile que lo siento y que de verdad le deseo que sea feliz. Él se merece eso y más. Perdón si te molesté con mi presencia.
Y así como llegó, se fue. Pero ¿por qué sentía que algo estaba mal?
—¿Dónde está? ¿Chris?
—Ya se fue— le digo y él corre hacia la salida, pero no sé de dónde saco fuerzas y lo detengo—No salgas como un tonto enamorado tras de ella, deja que las cosas se decanten un poco, puede ser que Savannah haya venido, pero no era para volver contigo ¿No la escuchaste? Te venía a pedir perdón.
—¡Eso no me importa, Chris! Yo la quiero, aquí conmigo. Aunque sea por medio de un contrato.
—Hermano, no te hagas esto, por favor. Ella no se lo merece.
—Y ¿Qué le digo a este corazón que la necesita como si fuera la sangre que pasa por él para bombear?
—Hermano…
—Lo sé, lo sé, se que ella no me ama, pero yo a ella sí y me duele, me duele mucho.
Mi hermano vuelve a caer de rodillas en el suelo y golpea el piso con tanto dolor que no aguanto y lo vuelvo a abrazar.
En eso vuelve a sonar el timbre y estoy a un tris de matar a esa maldita mujer.
—¡Ya te dije que no estaba aquí!
—¿De qué hablas Christian?
—Ro… Rocío, perdón, pasa por favor.
James, como puede se levanta y saluda a la viborita, Rocío le extiende los documentos y a mi me pasa la bolsa con mis pastelitos.
—¿No te quedas?— le pregunto cuando James deja los documentos en la mesada y vuelve a su habitación.
—No, aún tengo cosas por hacer, será para laa próxima.
—¿Eso es una cita?—le digo en tono coqueto y ella me mira con esa cara de odiosa que se trae.
—Creo que tendremos una seria conversación, pero no ahora.
Rocío toma sus cosas y se dispone a ir, pero cuando está en la puerta se da la medía vuelta y me dice.
—No sé qué le dijiste a Vannah, pero estás muy equivocado, Chris. Espero que no te arrepientas.
Volvió a enfilar sus pasos y salió cerrando la puerta de un portazo.
¿Por qué parece que creo que las cagué?
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