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807 Palabras

49 Aquel hombre era el padre de Lira Funesta. Argo lo había visto ya con Lira principalmente por allí, en el mercado. De profesión no era ladrón, sino vendedor de pólizas: siempre perfectamente vestido y con olor a betún para zapatos cubierto por el demasiado fuerte de la loción para después de afeitar. Aferrado a una sonrisa constante y anclado a la vida sólo por el dinero, auténtica unidad de medida del hombre que era. A eso se debía el nombre de su hijo, Lira, fingiendo que era el instrumento musical. ¡Qué vergüenza ver cambiar la moneda italiana! Había dicho varias veces que, si Lira hubiera nacido ahora, lo habría llamado Franco –con un paréntesis– Suizo. Un lema para la poliza subscrita: el valor de un hombre es su precio. «Toma, te he traído todo», dijo Lira a Sadam, después de l

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