50 «Pero, bueno, ¿te has caído?», peguntó Silvia. «Pues sí», respondió Iac sin mirarla a la cara, con los puntos de sutura aún presentes y el ojo izquierdo amoratado. «Venga, anda, no me creo, pero es que nada, que te hayas caído… de todos modos, aunque no quieras decírmelo, da igual». Silencio. «Pero, ¿no ibas a llevarme a ver algo?», prosiguió ella. Iac llevaba unos días pensándolo, quedarse sin salir de casa de su madre no contribuía precisamente a inspirarle buen humor y, entre una partida de videojuegos y otra, Silvia estaba presente en sus pensamientos, ella más que su agresor. En el fondo, los golpes sólo son golpes y, si estás acostumbrado a encajarlos por cualquier lado que lleguen, dan igual. «Si te apetece, podemos ir ahora», respondió el muchacho, mientras miraba cómo ib

