53 Había un gris denso y ni siquiera dejaba de llover: durante tres largos días, siempre iguales, que habían convertido la zona viva en una ciénaga y los zigurats en un cúmulo peligroso de materia podrida. Los ecofardos ya casi no soportaban el peso empapado de los residuos prensados: algunos se habían exfoliado y era posible ver aludes de materia aquí y allá que estropeaban la fisionomía de las gradas. Sadam no conseguía subir a hacer de vigía ni a lanzar su grito de almuecín. En cambio, las bolsas de basura acababan amontonadas e inmediatamente inutilizables. El hierro se oxidaba, los tejidos se impregnaban de agua sucia y todo se volvía sedimento indistinto. El verdadero enemigo para los habitantes del vertedero era el agua. Las tres chimeneas seguían soltando bocanadas de humo ininte

