54 Lorenzo se había dirigido a casa de Iac, pero éste ya no estaba. Después de haber llamado al interfono, había subido y había encontrado a Tommi y a la señorita Iole, con el delantal de cocina con florecitas violetas, que lo había hecho pasar. El atractivo del uniforme crea siempre cierta predisposición positiva, una confianza inmediata, sobre todo en la población anciana. Bien lo sabía Lorenzo: con frecuencia sucedía que se respondiera a las llamadas de personas que, tras una fuga de gas, ocultaban un café listo sobre el mantel de cuadros. Octavo piso, sin ascensor y con muchas ganas de tener visita. «Pero venga, entre, por favor», dijo casi maullando la señorita Iole. «No quisiera molestar», respondió el bombero. «Pero si no molesta: estaba preparando una taza de café, ¿quiere una

