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293 Palabras

57 En el fondo de su corazón, esperaba que fuera el bombero, pero la reacción de Sadam parecía indicar otra cosa. No le cupo duda de ello cuando oyó ladrar a Nero, que, con su habitual inconsciencia, había corrido al encuentro del hombre. Éste llevaba un bastón en la mano y era alto como un coloso. Avanzaba comiendo el terreno a cada paso que daba, pero sin elegancia ni dignidad, como si estuviera corroído por la rabia. Iac mantenía el cuchillo detrás de la espalda y se acercó de lado respecto de la entrada al refugio. Sadam no se movió ni un paso. En el suelo, el Viejo fingía ser una tortuga bajo el caparazón de harapos y Nero desapareció en la obscuridad, detrás de los zigurats. El hombre se puso a dar golpes contra las barracas, mientras gritaba: «Tenéis que marcharos de aquí, ¿entend

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