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225 Palabras

62 Un gato vagabundo, cubierto de costras y hambriento, había atacado al muchacho en los hombros. Probablemente, al caminar en silencio los dos, lo habían espantado. Había clavado sus huellas digitales en el cuello de Lira y el grito funesto quedó bloqueado en mitad de la garganta, pero, aunque hubiera salido con toda su potencia sonora, no habría superado el ruido que llegaba de la pútrida. Iac ahuyentó al felino, que oponía resistencia de todas las formas y no tenía la menor intención de abandonar aquel lugar. Probablemente las carcasas de ratas muertas fueran aún apetecibles y no estuviesen demasiado lejos de allí. Mientras Lira mantenía una mano sobre los arañazos y ya estaba a punto de desmayarse pensando en las futuras infecciones, el motor del camión calló. Ahora llegaba con niti

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