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948 Palabras

65 «Si no tienes móvil, ¿cómo haces para comunicarte con tus amigos?», preguntó Silvia, de paso por la acera de delante del vertedero. Iac había sido avisado por Argo, que en aquella hora volvía de su ronda de barridos diversos: casas, sótanos, laboratorios. Aquel día el africano tiraba de un carrito lleno de bolsos, algunos de marca incluso, deteriorados, pero auténticamente vintage. Iac había tenido tiempo de echar un vistazo entre los objetos y sin que lo vieran se había apoderado de un bolsito muy pequeño, de perlitas rosadas y amarillas, aún en muy buen estado. Se lo había metido en el bolsillo derecho de la sudadera y después se había reunido con la chica. «No hace falta tener un móvil propio, uso el de Lira, pero los amigos saben dónde encontrarme: estoy aquí, quien quiere verme

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