64 El camionero de la voz ronca estaba avanzando por el borde helado de la pútrida hacia el interior. Sondeaba el terreno moviéndose vacilante, riendo y volviéndose hacia su compañero para demostrar que no había peligro. Éste le recordaba que tal vez hubiesen bebido demasiado y que era mejor descargar y largarse, pero el primero no escuchaba e indicaba una zona libre, magmática, burbujeante, donde la lluvia de los días anteriores había elevado el nivel líquido. Faltaba sólo una porción de camión que descargar y allí estaba bien, parecía enteramente el lugar idóneo. Le indicó que acabarían el trabajo desplazando el camión más adelante, para llegar hasta aquel punto. El otro miraba sin moverse, claramente perplejo, y después, ante la obstinación de su colega, abrió los brazos y volvió a su

