1- Escape perfecto.
Pov: Marcos Anderson.
Entro al estudio de mi padre y me siento a mala gana frente a su escritorio.
—Siéntate como corresponde, no tienes diez años, Marcos —regaña y ni así digno a sentarme derecho.
Estoy aquí porque me obligó, ¿qué quiere?
—Antes de que empieces con el monólogo, no quiero casarme con Bianca, de eso ibas a hablarme, ¿cierto? Ya no tenemos nada de qué hablar —me levanto caminando a la salida.
—Esto no es opcional, a ver si lo entiendes de una vez. Esta noche es tu fiesta de compromiso en la casa de los Sterling, muchas personas importantes para ellos y para mí irán, así que ponte un maldito esmoquin y prepárate para caminar con tu prometida del brazo —me detengo en seco volteándome espantado.
—¿Está noche? Padre...
—No es negociable, olvídate de tus cuentas, de tu herencia, de que eres un Anderson. Porque si no te comprometes con Bianca Sterling te desheredo. A ver si con tu sueldo de contador puedes pagar las prostitutas, las noches de alcohol, casinos y fiestas. Y tu auto por supuesto, no lo creo. —ríe burlón.
Es un maldito desgraciado.
—¡Esto es un disparate total, quieres casarme a la fuerza, te has vuelto loco! —rujo saliendo de la oficina y subiendo las escaleras.
Casarme así, no, qué le pasa, está loco, perdió la cabeza.
—¡Es tu obligación, eres el mayor y si no te estableces qué pasará con tu hermana! Marcos Anderson, si está noche no te presentas te traeré a la fuerza y será peor.
Ni siquiera tomo las llaves de mi auto, tomo todo el dinero en efectivo y la chequera que tengo marchándome sin importar lo que dice mi padre.
Hasta vendió mi departamento, que claramente no era mío, ¡carajo! Nada es mío, todo es de él.
Tengo que irme de Nueva York, si van a castrarme al menos valdrá la pena, yo no me planeo comprometer sin una despedida de soltero y si se me hace tarde para la fiesta de compromiso, será una lástima por Bianca.
.....
Adoro las Vegas, sin dudas aquí están las mujeres más hermosas.
Aquí es donde escapo, llevo casi tres años trabajando de contador para mi amigo Benjamin, no me arrepiento ni un día de haberlo hecho.
Tendré que casarme y eso me destruye, me gusta ser libre como un pájaro, me gusta poder follar con dos mujeres preciosas a la vez, gastar dinero.
Me encanta.
Odio que mi padre tenga razón. Lo odio.
Sin embargo, casar a Marcos Anderson no es tan fácil, tendrán que encontrarme si quieren que me comprometa.
Bebo mi vaso de whisky y me carcajeo.
—¡Encuéntrame, padre! ¡Vamos hazlo! —balbuceó ebrio.
Ya tomé demasiado, es momento de buscar una hermosa señorita, o quizás dos, tres, cuatro, todas las que quieran.
¡Es mi despedida de soltero!
Me levanto y barro mis ojos por el lugar, no hay nada que grite por mi atención y hoy yo quiero algo que me enloquezca. Algo especial.
Camino un momento y tan poca ropa me quita lo interesante al asunto, quiero desear ver un pecho no que se vea nada más así al pasar.
¿Si pido un baile privado sorpresa?
Hay unos letreros luminosos que dicen privado. Quiero algo privado, algo solo para mí, en cuanto estoy por doblar, un pequeño ser andante choca contra mí, tan fuerte que casi sale volando.
La sostengo, es una chica mucho más baja que yo, es una pequeña pulga escurridiza y rubia.
—¿Te encuentras bien, pulgarcita? —levanta la mirada y sus ojos azulados brillan a pesar de la luz cálida que hay en el lugar.
Se aparta retorciendo sus manos, trae un vestido blanco pegado al cuerpo y parece un ángel caído del cielo.
—¿Estás lastimada? Estos músculos son muy duros, pueden hacerte daño.
No parece prestar demasiada atención a lo que digo. ¿Una chica que ignora el encanto Anderson? Eso sí que es raro.
Me escanea como si buscara algo, niega y se voltea para seguir de largo.
—Quizás ante tus ojos de ángel experto en belleza puedo parecerte ordinario, pero así como me ves soy un heredero importante y tendrías suerte de tener mi tiempo, mi compañía es codiciada —se detiene y vuelve a escanearme.
Esto ya es extraño y ella es hermosísima. Carajos, la chica más linda que he visto hoy, un rostro angelical, mejillas rosadas como si el sol la hubiera besado. Una boca llenita, dibujada a la perfección lista para besarla hasta dejarla hinchada y... ¡Dios, podría morirme entre sus dos melones!
—Lo siento... no parecías alguien que pudiera pagar el precio de mi compañía —humedece sus labios y sonrío, saco mi lado conquistador.
Yo sé cómo derretir a las chicas.
—Ay pulgarcita, ¿estás segura que sabes cómo se ve un hombre que puede conseguir lo que quiere? —sonrío de lado.
Me apoyo en la pared con mi antebrazo, la diferencia de estatura la hace mirar hacia arriba y con mi pulgar levanto su mentón haciendo contacto visual.
El color rosado de sus mejillas se torna color fresa y su boca se entreabre en busca de aire.
—Enséñame cómo se ve, porque es justo lo que necesito, un hombre que pueda conseguir lo que quiera y si es posible que sea muy guapo, que no tema a tomar cualquier cosa con ímpetu y por supuesto que me dé la mejor noche de mi vida. Sería ideal, ¿si conoces a uno me dirías en qué dirección está? —ronronea con suavidad.
Tomo un respiro.
—Es tu día de suerte, pulgarcita. Lo tienes frente a ti. Un placer, soy el hombre que buscas: heredero, millonario con un gran atractivo físico; lo puedes ver. Poseo un dote que no te decepcionará y sin dudas estás frente al mejor amante de Las Vegas —le guiño un ojo mientras alardeo de mis habilidades.
Se ríe, primero siendo una risa que no deja salir y luego se convierte en una carcajada.
Arqueo una ceja.
—¿Tú? Debes estar bromeando, no mentía cuando dije que sería muy costosa mi compañía. Dudo que puedas demostrarme que todo lo que dices es cierto. Pero debo admitir que tienes sentido del humor —quiere escapar de mí y no la dejo.
—Espera, ¿estás subestimándome? Oh, pulgarcita, necesitas una demostración al parecer.
—¿Pagarías el precio solo para demostrarme que no mientes? —me reta y a mí los desafíos me encantan.
—¿Quieres retarme? Eres muy joven para perder una apuesta como esta.
—No soy tan joven como crees —la escaneo mejor y si parece joven, pero quizás de unos 23 o 25 años con todo es maquillaje—. Y si pierdo, esta por verse. ¿Tienes lo que se necesita para conseguir una noche conmigo?
—Lo tengo y sino me iré al infierno —muerde su labio inferior.
—En dos horas habrá una subasta por una noche conmigo, ahí podrás demostrar que tú eres mejor que todos y luego demostrar que lo que has dicho no es mentira —saca de su escote una tarjeta blanca.
“Se subasta un ángel”
Eso es lo que dice, con la hora, nombre de la sala.
—No te pierdas, hombre que consigue todo lo que quiere, estaré esperando para ver ese dote que no decepciona —besa mi mejilla poniéndose de puntas de pie y se marcha.
Me quedo viendo la tarjeta que estuvo descansando cálidamente entre sus melones y suspiro.
¿Es mi regalo de bodas adelantado?
Sííí.
No importa cuánto cueste, yo hoy le doy la mejor noche de su vida a esa rubia. Como que me llamo Marcos Anderson.