Azzurra El silencio en el departamento se sintió distinto cuando la puerta se cerró detrás de él. No fue incómodo, sino distinto, como si faltara algo en la casa. Me quedé unos segundos apoyada contra la puerta, con la respiración todavía un poco acelerada. Podía sentir el eco de sus manos en mi cintura, la calidez de su voz cuando prometió no arruinarlo. Y lo más inquietante de todo… le creí, creí en sus palabras y en la forma tan increíble que tenia para mirarme. Caminé lentamente hacia la sala, recogí las tazas vacías y las llevé a la cocina. Cada movimiento parecía más consciente, como si mi cuerpo estuviera procesando lo que mi mente todavía intentaba ordenar. No había sido una noche imprudente, no había sido un arrebato, había sido suave y cuidadosa y eso me daba más miedo

