Adriana Theo siempre había tenido esa forma tan suya de hacerme sentir segura incluso cuando afuera todo parecía a punto de romperse. Pero esa noche, mientras él hablaba y bromeaba conmigo, entendí que no era solo seguridad… era pertenencia, era hogar. Lo miré mientras me daba espacio entre ambos, mientras me cedía el control como si fuera lo más natural del mundo, y sentí ese calor conocido crecer en mi pecho. No era solo deseo, era esa certeza tranquila de amar a alguien sin reservas y Theo me amaba tanto como yo a él. Me incliné un poco más sobre él, sintiendo cómo su respiración se volvía más profunda bajo mi cuerpo. Yo también recordaba esa noche frente a la chimenea de mis padres, cuando me dormí sin miedo a su lado. No existían planes, amenazas, exnovias, ni hombres vigila

