Azzurra El beso me cayó como un golpe silencioso. No fue solo el contacto de sus labios, fue todo lo que se movió dentro de mí al mismo tiempo, el enojo acumulado, la tristeza reciente, la sensación de haber sido traicionada… y esa chispa peligrosa que había intentado apagar desde que lo conocí. Sentí calor en el pecho, en el estómago, en las manos y en otras partes de mi cuerpo en las que estaba segura nunca lo había sentido. Por un segundo dejé de ser la enfermera responsable, la mujer que había jurado no volver a confiar y solo fui Azzurra, la chica que hace años había soñado con un amor verdadero y eso fue lo que más me asustó. Porque sus labios se sentían demasiado cálidos, se sentían perfectos y no había podido negarme a devolverle el beso con la misma intensidad que él, una co

