Félix Me desperté al día siguiente con la sensación exacta de cuando algo importante se te escapa entre los dedos. El beso que le habia robado a Azzurra no desaparecía de mi piel. No importaba cuántas veces intentara racionalizarlo, decirme que fue un impulso, una locura, un error provocado por el dolor, el encierro y la tensión… pero mi cuerpo no lo entendía así. Mi pecho aún recordaba el peso de ella, mis labios sobre los suyos, y esa certeza incómoda de que nada había sido accidental. Y luego estaba su ausencia. La noté desde la mañana y no, no era paranoia, porque no fue ella quien vino a revisar mis signos, ni quien cambió el suero, ni quien dejó el medicamento. Eran otras manos, otras voces, otros rostros sin importancia. Asi que si, me estaba evitando otra vez. Eso dolió

