Esa noche David vestía un pantalón n***o, una camisa de cuadros roja con blanco y n***o, encima un talit vinotinto, esta vez no había comprado nada para llevarle, o preparado algunas palabras tiernas, así que todo lo que dijera brotaría solo de él, sería su corazón hablando, sus latidos la mejor melodía que surgiría en aquella noche estrellada, no necesitaba preparar nada, solo mantener los nervios bajo control.
Pasaron los minutos y a las diez y treinta y siete de la noche, David escuchó unos pasos, se asomó y eran soldados del palacio, se acercaron a saludarle y entre bromas le dijeron:
Es extraño verte por aquí a estas horas. ¿A quién esperas?
Pero antes de que David pudiera responder, la princesa venía caminando ante sus ojos y en ese momento David dejó de escuchar lo que decían, lo único que estaba en su mente era el ver venir a su amada en un hermoso vestido rojo muy largo, sandalias muy altas, sus labios de un color carmesí, el cabello suelto y ondulado jugaba con el viento, sus pómulos estaban algo enrojecidos por el rubor de la ocasión y mientras se acercaba, extendía una enorme sonrisa en su hermoso rostro.
El joven estaba inmóvil, su corazón se aceleró de tal forma que tenía miedo de que se acercara y le hablara porque no estaba seguro de poder responderle, es que sentía que no le saldrían palabras, solo pensaba en lo hermosa que ella era, y notó que todo lo que le había dicho Silvio y Jedrek respecto a cómo la miraba y hablaba de la princesa era cierto, sus ojos estaban muy abiertos, no quería perderse detalles, ella estaba allí, justo frente a él, y de alguna forma reaccionó tomando su mano para besarla, hizo una reverencia y dijo:
Seguro ya lo sabes, pero estás hermosa, está noche luces más hermosa que de costumbre.
Ella le devolvió una sonrisa y se inclinó en reverencia. Y se miraron fijamente, no entendían que pasaba, solo sabían que la forma en la que sus corazones latían y la forma en la que le sudaban las manos les demostraba que todo era real.
David entendió que ella le hacía reaccionar de forma diferente, en el fondo de su corazón estaba muy feliz de la decisión que había tomado su padre, y que Michael hubiese aceptado tal decisión, aunque en ese momento parecía una total locura, se daba cuenta que era una de las mejores cosas que le habían pasado, pero también estaba muy nervioso, y no quería que ella notara eso, no quería mostrarse vulnerable, no en ese momento, pero si quería disfrutarla, pensó: "Sin duda alguna confirmo una vez más que ella es la mujer más hermosa del mundo y hasta ahora me doy cuenta de eso ".
David le invito a salir, ambos sabían que la princesa no podía andar por las calles de Tomislaw sin soldados o sin avisarle al rey primero, pero Micaela quería salir de la rutina así que acepto la propuesta de David. El ofreció su brazo a la princesa y caminaron hacia el pueblo, pero no tomaron la vía más transcurrida sino el camino de Endedor, era una especie de túnel hecho de ramas de árboles con flores, hermoso a la vista y algo angosto, alumbrado por faros y de fondo se escuchaba el río Quedari, no era un camino solitario al punto de volverse peligroso pero sí lo suficiente para hacer hermoso e íntimo aquella caminata.
Los primeros pasos fueron en silencio, entre los jóvenes las palabras no siempre eran necesarias, caminar allí juntos tomados del brazo sintiéndose cerca era suficiente para enamorarse, David iba perdido en el aroma de la princesa, olía a lavanda y ella tierna en su agarré a él, por un momento recordó una conversación con Silvio dónde le preguntaba que podría decirle a una doncella para conocerle, el viejo pastor no le dijo mucho, su respuesta fue “ Sé tú mismo y pregunta lo que quieras saber, siempre y cuando sea decoroso, nunca supongas siempre pregunta”. Con esto David tomó aire, hizo un poco más lento el pasó y le dijo:
Princesa, ¿estás feliz?
Ella le miró y sonrió, en su mente se dijo si realmente él no notaba su absoluta felicidad, tal vez debía expresarlo mejor con palabras.
Sí, realmente soy muy feliz, David no iría a un lugar sí creo que no estaré cómoda o feliz. Contesto ella con una sonrisa.
- Oh, que privilegio el que tengo entonces, estoy en la lista de su felicidad y comodidad. Contesto David un poco ruborizado.
¿Y tú, David, estás complacido con este tiempo? Le pregunto ella, con bastante intriga.
- ¡Absolutamente! Sin ninguna duda. He encontrado en ti felicidad, solo mirarte ya me lleva a la cima más alta de agrado. Pero no quiero solo quedarme con lo que ahora conozco, me gustaría conocerle más, yo por mi parte estoy dispuesto a abrir mi corazón. Contesto él bastante expectante de la posible respuesta que podía recibir de ella.
- Está bien, pero inició yo, ¿de acuerdo? - Dijo Micaela y continuó:
- ¿A qué le tienes miedo?
David pensó que justo en ese momento lo que más tenía era perderla a ella y notó que siempre temía eso, perder a quienes amaba y recordando que debía ser él mismo se animó a decirle la verdad.
Lo que más temo es perderte. Y no solo a ti, siempre he temido perder a las personas que amo, por eso siempre me esfuerzo en dar lo mejor de mí, para ser digno del amor que me están brindando, tengo el constante pensamiento de que de un momento a otro todo cambiará, que no seré suficiente, que todos se cansarán de mí y aunque me esfuerce no lograré llenar las expectativas. Con eso lucho, allí está mi más grande temor. Perdóname si querías una respuesta más superficial, de ser así te diría que le temo al agua, a estar muy profundo bajo el agua, pero como te dije mi princesa, te abro mi corazón, hoy será conocernos a cara descubierta.
David, dijo las últimas palabras muy rápido, ya lo estaba delatando los nervios que tenía, creyó sentirse avergonzado pero recordó que esto era parte de él y había decidido ser él mismo y ya.
Mientras hablaba mirando fijo a sus pies, Micaela solo miraba su rostro, quiso tomarlo entre sus manos y con un dulce beso demostrarle que ella no se iría, que estaría ahí para él sin importar nada, pero se dijo a sí misma que sería más decorosa, no podía ir por la vida demostrando sus impulsos, si habría de ocurrir un beso esta noche no sería ella la primera en darlo. Lo que sí hizo fue detenerse y mirando a David a los ojos, le dijo:
Yo no me iré. Aún sí te costara creerme te digo que no me iré, todo tiene solución y abandonar nunca es una buena opción. Y te entiendo, mi miedo es nunca ser suficiente, es por la presión, soy la princesa de Tomislaw, debo ser ejemplo de dama, doncella, valiente, tenaz, dulce, amable, diligente y obediente y amo serlo, no lo niego pero a veces solo quiero ser yo misma, algo insegura, quizá alguna mañana no saludar a nadie solo porque quiero silencio, o uno que otro día salir a ver el amanecer. Son cosas simples que no siempre son posibles, o cuando quiero llorar y dejarlo todo encontrar a quién solo abrazar mientras lloro, sin preocuparme por lo que puedan pensar o decir, o si el ejemplo que les estoy dando es correcto, te confieso que a veces la presión me abruma.
David estaba atónito, no imaginaba que ella pasaba por eso, la había visto tan feliz siempre que no se detuvo a pensar en sus luchas internas y conocerlas le hizo sin duda armarla mucho más. David se detuvo frente a ella, se acercó dulcemente y beso su frente, le dijo:
Conmigo siempre puedes ser tu misma, no importa como estés, puedes correr a mis brazos, estaré aquí para ti.
La princesa le observaba detenidamente, parecía que le abrazaría pero su reacción fue dar un paso hacia atrás y decirle:
¿Realmente lo crees? Para ti soy la princesa, el premio que ganaste por matar a un gigante, a veces temo que no sea más que eso. Tus palabras y detalles son hermosos, David, yo te creo, pero hay una voz que me dice que solo soy el galardón de una buena batalla, solo que tuve la suerte de que te enamoraras del premio. En esa última frase a Micaela se le quebró la voz. Si realmente abriría su corazón estaba preparada para eso, nadie se expone sin quebrarse.
David la escuchó y no respondió intentando negarlo, sino que meditó unos momentos en las palabras de la princesa, al final tomó sus manos con fuerza y ternura y le dijo:
Micaela, ¿quién eres?
Esto la sorprendió y como en automático respondió:
Soy la princesa Micaela, hija del rey Gaspar de Tomislaw.
No, mi dulce doncella, eso es solo un título, realmente ¿quién eres?
Ah, soy la hermana de Michael el guerrero más valiente de Tomislaw.
Eso también es solo un título.
Micaela no estaba acostumbrada a esto, nadie le confrontaba, era extraño se sentía arrinconada y a la vez segura. Reconoció que no era más que un título y se lo dijo a David.
Si me quitas eso, no soy nada, solo sé ser eso.
David respiró profundo y le miró con tanta ternura, sentía como se estaba quebrando el corazón de Micaela.
Micaela, quisiera decirte quien eres, pero eso debes descubrirlo tú, yo solo puedo prometerte estar aquí para ti, y siempre para mí serás suficiente, siempre.
La joven no pudo contener más las lágrimas, comenzaron a rodar por sus rosadas mejillas y recostó su cabeza en el pecho de David, él la abrazó y la dejó llorar.
Allí Micaela entendió lo que él le decía, para ella ese gesto represento un lugar seguro, él estaba sosteniendo su corazón, nunca se había sentido así, era ella misma por primera vez, no había títulos, responsabilidades, ni sonrisas forzadas, estaba allí, con el alma en fragmentos y su amado valiente estaba recogiendo cada pedazo y estaba lista para armarlo de nuevo cuando ella lo dijera.
David, se acercó y dulcemente le dijo al oído:
¿Sabes algo? Hay cosas que uno suelta, personas incluso, pero las sueltas porque en algún momento renuncias a ellas. Yo no renuncio a lo que Dios me da, tengo momentos difíciles pero me aferro a Dios, a lo que él me da. Y yo creo firmemente que el hecho de que seas el premio por matar a un gigante es solo una excusa de él para traerte a mi vida. Deseo que pudieras ver a través de mi corazón, te darías cuenta de todo, de lo mucho que te quiero, de cuanto te disfruto, notarias una pequeña línea curva e inclinada que altera la imagen de mi corazón con tan solo pensar en ti. Realmente quisiera que lo vieras. Conocerte es de esas experiencias que te marcan la vida, que no importa cuánto tiempo pase, ahí estará esa marca recordándote algo. Y yo siempre recordaré lo especial que eres para mí.
Micaela, me he enamorado de ti, no tengo dudas ni miedo, tú has conquistado mi corazón. Hoy reconozco el valor de tu alma; lo que te hace frágil, vulnerable, sensible al tacto profundo, aquello que en tu corazón resguardas. Eso es lo que hace que me detenga, observe, camine con cuidado, con sigilo, sin querer quebrar nada. Hoy entendí que una excusa puede unirnos pero el amor nos mantiene. Mi amada doncella, alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente. ¿Sabes cuál es la tercera parte de esta cuerda?
David hizo una pausa para ver su rostro, ella tenía la mirada fijada en él, algo empañada por las lágrimas pero su expresión era expectante y tierna, no le respondió solo espero escuchar de nuevo la voz de David. Él lo entendió y le dijo:
Dios. Él nos unió, mi doncella, solo él podría darme un regalo tan hermoso.
El momento terminó en un abrazo sublime y ya no se tomaban del brazo sino que entrelazaron sus manos. Siguieron caminando, haciendo bromas y conociendo sus gustos más sencillos, Micaela le dijo:
¿David sabías que mi color favorito es el azul esmeralda?
No lo sabía.
¿Y entonces porque me regalaste unas Parra de Jade? Ese gesto lo amé demasiado.
David rio, la verdad es que también amaba esa gema para él la representaba a ella, toda una perla preciosa y radiante. Micaela al ver que David solo reía le preguntó que ocurría pero él no dijo más, ella siguió haciendo preguntas.
¿Cuál es tu comida favorita?
Todo. - Respondió David, y era cierto, no había comida que rechazara.
¿Cuál es tu mayor manía?
¡Ay, princesa! Espero que no te asustes, tengo una manía con la lana de oveja, siempre la mantengo un poco cerca, casi como una pelusa, y puedo tenerla en mis manos cuando haré algo por primera vez que me genere mucha ansiedad, también algunas noches hablo dormido o peor aún, cuando estoy muy cerca de quedarme dormido hablo muchísimo, si alguien quiere saber mis secretos puede preguntarme justo ahí.
¡Entonces debo verte en esos momentos para conocer tus secretos! Le contesto ella entre muchas risas.
No, princesa mía, no lo necesitas, tú puedes conocer mis secretos con solo preguntar. Le contesto el con una sonrisa bastante embobada.
¿Ah sí? Entonces, cuéntame un secreto. Le pregunto ella, con mucha curiosidad.
David pensó hablarle de su mamá, de su pasado. Pero estaban llegando al puente y allí debían pasar en fila, tomados de la mano, el puente estaba hecho de maderas unidas con cuerdas, tenía bastante tiempo de construido y estaba algo deteriorado, fueron caminando paso a paso, la princesa iba adelante, y David le sostenía detrás, cuando iban justo en el medio, Micaela resbaló, una de las tablas cayó y de no ser por la mano de David que le sostuvo hubiese caído, de hecho quedó tomada por una de las cuerdas, y aunque estaba muy asustada no gritó, solo se aferró, David rápidamente la comenzó a subir pero el vestido se le enredó con partes caídas del puente y no lograba subir del todo, David no quería aplicar mucha fuerza ni destruir su vestido, tampoco podía soltarla y pensó, la sostuvo y le dijo:
Todo estará bien, no te preocupes.
Lo sé, pero quiero subir. Respondió ella, era tenaz, no tan fácil como se veía.
Eso hasta que por una hilera del puente comenzó a acercarse una culebra, David no la había visto porque estaba a su espalda pero Micaela sí y ahí se desesperó y le dijo:
David, detrás de ti hay una culebra, moriremos, es venenosa puedo reconocerla.
David giró y al verla no se inmutó, solo la dejó acercarse lentamente y al tenerla cerca con una mano libre sacó una daga que llevaba en una bota y se la clavó en la cabeza y con esa misma daga corto lo que se enredaba en el vestido de la princesa y la alzó, quedó sentada sobre una tabla del puente mientras él se ponía de pie y sin pensarlo dos veces la alzó en brazos y corrió con ella por el puente, a Micaela no le dio tiempo ni de pensar solo reía, le gustaban las cosas espontáneas y aunque tuvo miedo, también disfrutó la adrenalina del momento, fue divertido, todo estaba oscuro, de milagro logró ver la serpiente y de milagro logró salvarse, pero ya no importaba, estaba segura de que todo estaría bien, al menos su bello vestido rojo aún estaba entero.
David corrió con ella aún más allá de pasar el puente, la bajó cuando llegaron debajo de un faro, la calle era de piedras y alrededor habían muchos árboles y pájaros en cada árbol, también mariposas sobrevolaban sus cabezas era deslumbrante ver tanta belleza, parecían que las aves estaban haciendo presentación para ellos, era sencillamente hermoso, aunque ellos estaban jadeando por el trote, algo sudados, cansados de tanto reír, solo miraban la belleza de la naturaleza, lo perfecta que transcurría esa noche, y se miraban entre si perdiéndose entre sus miradas embriagados de amor, mientras tomaban aire, pero no por mucho tiempo porque pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer y corrieron a esconderse en una cabaña abandonada, corrieron tomados de la mano, con la lluvia siguiéndole los talones, al entrar a la cabaña la lluvia se hizo mucho más intensa tanto que el techo de la cabaña no fue suficiente para protegerles, habían muchas filtraciones, David comenzó a preocuparse, no sería una buena idea que en su hermosa cita la princesa terminara mojada y con su hermosa ropa dañada, ya había estado a punto de morir, también debía pasar por esto, rápidamente se quitó el talic y se lo colocó a ella para cubrirla de la lluvia, ella abrazo la prenda, disfrutó del olor y mirándole le dijo:
Baila conmigo.
La pregunta sorprendió a David.
- ¿Que baile? Un minuto, ¿la princesa de Tomislaw, hermana del gran valiente guerrero majestuoso Michael, hija dale máximo rey Gaspar le está pidiendo a este humilde siervo suyo un baile? Oh, Dios, debo estar soñando. Le pregunto a ella algo consternado por la propuesta que le había hecho Micaela.
David estaba algo nervioso, puesto que eso de bailar no se le daba muy bien, tenía dos pies izquierdos, estaba confundido, realmente no sabía qué hacer, no quería ser grosero y decirle que no a la princesa y dañar la hermosa velada que estaban pasando, pero otra parte de su ser, no quería pasar pena ni caerse delante de ella, por primera vez la princesa lo había colocado en una gran encrucijada, por unos cortos segundos David había entrado en colapso, de verdad eso de bailar no se le daba en lo absoluto, nunca había bailado. Pero de algo estaba seguro y es que dañar el momento no quería, así que decidió aceptar la propuesta de Micaela.