Mi nombre es Alba Molina, una joven que desde pequeña siempre supo lo que quería en la vida. Durante mi vida escolar fui buena estudiante, pero siempre me destaque por ser bastante reservada, solo me gustaba hablar con mis compañeros mas cercanos, sé que a mis espaldas algunos o muchos de los demás compañeros decían cosas de mi como que era muda, no era divertida, seguro me tenían sobre nombres pero nada de eso me afectaba; varios años después alguien que estudiaba conmigo le hizo el comentario a mi hermana y ella me pregunto si era cierto que se burlaban de mí, a lo que yo le conteste que “No”, porque como dije anteriormente cualquier comentario que hacían de mi lo hacían a mis espaldas, nunca me dijeron nada en mi cara.
Mi primer empleo
A los 17 años obtuve mi primer trabajo como pasante de asistente de contabilidad para un contador independiente la Lic. Ana Ozoria, Obtuve el puesto como pasante debido a la amistad que la Lic. Ozoria tenía con mis padres, pues años atrás esta había laborado con mi madre por un periodo de casi veinte años. La Lic. Ozoria le brindaba el servicio de igualas contables a un promedio de nueve empresas fijas todos los meses, allí tuve la ilusión de que podía no solo desarrollar mis habilidades e incrementar mis conocimientos, sino que también con el tiempo podía tener la oportunidad de pertenecer a algo más grande como había pasado con otras personas que laboraron para ella.
Cuando culmino el tiempo de mi pasantía y gracias a mi buen desempeño (modestia aparte), la Lic. Ana Ozoria me ofreció quedarme con el puesto de asistente de contabilidad. Labore para ella por un periodo de tres años, bueno ustedes dirán dos años es muy poco tiempo, pero no lo fue para mí, mi deseo era pertenecer a una empresa mucho mas grande en la cual yo pudiera subir de puesto, para eso me preparaba asistiendo a la universidad y obtener mi título de Licenciatura en Contabilidad; siendo la asistente de la Lic. Ozoria me podían pasar diez años y nunca pasaría de ese puesto de trabajo.
Dentro de todas las empresas a las cuales le brindábamos el servicio de contabilidad, existía una que era la más grande de todas, llamada “Fuseg”, es una empresa bastante grande con muchísimo papeleo y todo eso era manejado por mí. Pasado un periodo de tres años y debido a la gran cantidad de trabajo ellos precisaban de una asistente de contabilidad dentro de su empresa, pues como yo debía atender a más clientes y hacia el trabajo desde otra localidad a veces las cosas se complicaban un poquito. La propietaria de esta empresa se había percatado de mis habilidades, de lo eficiente que era en mi trabajo y quiso contratarme, le pidió a la Lic. Ozoria que me permitiera trabajar para ellas, Sí para ellas, porque estando yo dentro de la empresa la información contable entre Fuseg y la Lic. Ozoria iba a fluir de mejor manera facilitándoles el trabajo a ambas, y como era de esperarse la Lic. Ozoria se negó, y era obvio ella no iba a encontrar otra ¡Pendeja! Que le hiciera el trabajo y todos los mandados como yo los hacía.
Para que entiendan un poquito porque me refiero a mi misma como una ¡Pendeja!, pues yo debía registrar en el sistema las operaciones de nueve empresas las cuales sumadas todas consistían en cientos de cheques, depósitos bancarios, facturas de ventas y facturas de gastos; también debía hacer las conciliaciones bancarias, registro de cientos de empleados al seguro social e instituciones laborales correspondientes, cálculo de prestaciones laborales, escribir cartas y responder correos, y por ultimo pagar los impuestos; para el pago de los impuestos debía caminar hacia los bancos correspondientes bajo el sol incandescente y hacer largas filas, pero ahora que recuerdo, no solo iba a los bancos a pagar impuestos, también iba a retirar documentos de las diferentes compañías, quienes tenían mensajeros que podían perfectamente encargarse de esas diligencias, ¿ahora comprenden por qué me autodenomine ¡Pendeja!?
Volviendo a la parte en la cual la compañía Fuseg me ofrecía el puesto de asistente de contabilidad el cual me negaron sin mi consentimiento, pues fue ahí cuando me di cuenta de que a la Lic. Ozoria no le importaba mi superación, pues si yo hubiese sido su familiar si hubiese aceptado la propuesta de la empresa Fuseg, como había hecho anteriormente con algunas de sus sobrinas a las cuales ella si les ayudo a pertenecer a grandes empresas. Por lo tanto, decidí que era hora de alzar el vuelo y empecé a buscar trabajo con la ayuda de unos amigos contadores.
Llego el momento de mi partida, me dirijo a la oficina de la Lic. Ozoria le expreso mi renuncia y el motivo de esta, y ¿Qué les cuento? Fue como si hubiese estallado un volcán y de allí salió un monstruo que me quería comer, esa señora se puso ¡super furiosa!, o sea, en vez de alegrarse por mi y que me estaba superando personal y profesionalmente ¡NO!, se puso como un ogro y luego me dijo de una forma bastante ofensiva:
-Yo entiendo que tú quieras buscarte un trabajo mejor, pues como tus padres son ¡POOOBRES!!
A lo que yo me volteé de la silla en la cual estaba sentada y le respondí:
- ¡Son pobres, sí!, pero son ¡FELICES!
A lo mejor mi respuesta fue mucho mas ofensiva, porque a pesar de ella estar mejor posicionada económicamente, no contaba con un matrimonio estable como el de mis padres.