CAPÍTULO 34. Ada y Max se detienen en seco cuando ven que alguien está parado en el umbral de la puerta. Y sí, ese alguien era Emilia, quién permanecía en la puerta, con su rostro acongojado, cabello n***o algo erizado por la humedad y su rímel n***o resbalando por sus mejillas por el llanto silencioso. —¡Emilia!¡¿Qué haces aquí?!—grita Ada, tartamudeando por los nervios y apartándose de Max con rapidez. Está tan nerviosa que busca sus vaqueros mientras la mira a ella, quién no parece salir del estado de shock. Emilia los observa, con odio. —¿Emilia?—musita Max, ya que la observa por primera vez luego de varios años de ausencia. La mujer de cabello n***o abre los labios para decir algo pero nada sale de ellos. Entrecierra los ojos, como si le costará hablar mientras solloza.

