CAPÍTULO 26. Entré al taxi, apresurada y cerré la puerta del coche con la respiración algo dificultosa una vez dentro. —¿Qué ocurre?¿Estás bien?—me pregunto Adam, al ver mi estado y su voz se elevó, preocupado y nervioso. —Lo hice—susurré, con voz queda y mirando el asiento oscuro que tenía frente a mí sin verlo realmente. —¿Qué? —Lo hice—lo miró finalmente, repitiéndoselo—. Lo hice. Ángelo se fue, funcionó. Él me miró, confuso, sin comprender a lo que apuntaba. —Regrese por favor al edificio en donde fue a recogernos—me incliné sobre el asiento y le pido al taxista. Este asiente y arranca el coche mientras le sube el volumen a la radio. Oigo que los Leones van dos a cero y eso lo mantiene ocupado en el juego. Me siento nerviosa, como si la adrenalina hubiera desaparecido por comp

