CAPÍTULO 28 Ada apoya sus manos contra el espejo, en estado de shock al leer lo que había escrito Max en él. No había una explicación lógica para saber cómo había hecho eso, sino que, en el mundo de los dioses, no había explicación alguna. Pero de lo que si estaba segura ella, era que Max, su Max, había logrado comunicarse con ella después de tantos años. —¡Lo siento mucho!—le gritó Ada al espejo, llorando a cantaros—¡Siento no haberme dado cuenta antes, amor! —«No hay nada que lamentar—aquella voz en su cabeza la calmó—, nada de lo que has hecho podrá romper con lo que tenemos, ciervito» Ella cerró los ojos con fuerza, dejando caer su cabeza entre sus brazos, abatida y aliviada a la vez. —Nunca dejé de amarte y nunca lo haré—susurró Ada, con la voz rota. —«Yo jamás dejé de hacerlo,

