Capítulo 29. Max sale de su apartamento falso y comienza a correr en dirección a los aposentos de Perséfone, el cual es custodiado por dos guardianes. Estos poseen una apariencia tenebrosa. Miden aproximadamente tres metros de alto, son gigantes regordetes y con un aspecto verdoso, casi asqueroso, como si se bañaran con agua estancada y contaminada. Tienen el rostro hinchado y apenas se les ve los ojos. Ambos permanecían quietos y alertas en cada extremo de la gigantesca puerta de acero oscuro para prevenir que la diosa no pretenda escaparse, a pesar de que se trataba de una reina importante. —¡Necesito ver a Perséfone!¡Urgente!—les ordena Max, quién no se encuentra intimidado por dichos gigantes. Estos cruzan miradas de forma momentánea y vuelven la intención al hombre que tienen en f

