Capítulo treinta

2723 Palabras

CAPÍTULO 30   No pegué un ojo en toda la noche. No con todas las emociones encontradas que atravesaban mi cuerpo y alma. No sabiendo que pude comunicarme con él y que mis esperanzas estaban a flor de piel.  No sabiendo que él estaba en otro sitio y con sus últimas palabras retumbando en mi cabeza. Prometiéndome que estaría junto a mí en lo que menos canta un gallo. Mi Max, mi zanahoria.  Una lluvia torrencial azotaba Miami. La tormenta me había despertado a las ocho de la mañana, en su comienzo. Las palmeras se agitaban, el viento arrastraba las gotas de la lluvia, llevándolas lejos hasta golpetear mi ventana. Allá afuera, era todo gris y oscuro y parecía que el cielo quería caerse con sus enormes nubes tridimensionales. Hasta tenía la sensación de que podría llegar a tocarlas si hacía

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