CAPÍTULO 22 Adam y yo amanecemos dormidos en el sofá. La luz del sol me pega en el rostro, despertándome por completo y oigo el cantar de los pájaros que empiezan a taladrarme la cabeza. Siento el peso de Adam sobre mi cuerpo, se ha quedado dormido a un lado de mi vientre, abrazado a él. Lloró hasta que se quedó dormido. Recuerdo su tristeza de anoche y se me produce un vacío en el pecho. Lo veo dormir, con serenidad, con su cabello n***o todo revuelto y algo largo y no puedo evitar acariciárselo, somnolienta. Pretendo seguir durmiendo hasta que alguien toca a mi puerta, despertándonos a mí a él de manera sobresaltada, poniéndonos en estado de alerta al instante. —Yo voy —le aviso, con voz ronca. Él se sienta, recomponiéndose y yo me dirijo hacia la puerta. Me doy cuenta que he d

