Una semana había pasado del aniversario de muerte de Anthony, mientras los días pasaba no podía sacarme de la cabeza el hecho de haberlo visto aquel día, tanta fue mi sorpresa y desesperación, que no pude evitar comentarle a Ana lo que había sucedido.
—Ay mi niña, estos días estas muy estresada y quizá el cansancio te hiso alucinar —
Aquellas habían sido sus palabras, ¿me habían dolido?, claro que si, por que yo aún tenía la esperanza de que Tony volviera a nosotros.
Estos últimos días he estado bastante ocupada con un nuevo proyecto, al cual, aunque quiera, no puedo prestarte toda la atención que se merece, pues he estado bastante distraída también, no es algo que a Austin y Allen les sorprenda, ya que saben que en esta época del año me suele suceder, pero lo que ellos no saben, es que este año es por un motivo diferente.
En este momento estoy estacionada fuera del colegio de los chicos, todos los días a las doce del mediodía me tomo un tiempo libre para poder venir a por ellos, los llevo a casa, almorzamos juntos y luego vuelvo a la empresa, dejándolos a cargo de Leticia su niñera y pues también de nana, ella no se separa de ellos por nada del mundo.
En mi rostro se forma una sonrisa automática al ver como salen todos en fila hasta la entrada del establecimiento, me bajo del auto y camino con presura hacia ellos, Nathaniel con solo verme desarma la fila y sale corriendo hacia mí, me agacho de inmediato para poder recibirlos, ya que Matt venía a tan solo unos metros tras de él.
—¿Cómo les fue a mis pequeños? — consulté justo cuando Matt llego a nuestro lado
—Muy bien — hablo con tranquilidad él
—Mamá, hoy vi al tío Jack — miré a Nath al oírle — estaba en el receso cuando él vino — agregó
Mi ceño se frunció de inmediato, Jack hace mucho que no pisa tierras americanas, por lo tanto, era raro que el estuviese aquí y yo no lo sepa, sabía que, si cualquiera de los chicos lo supiera, yo también estaría al tanto de ello.
—Pero le hacía falta su lunar bajo el ojo
Miré a Matt y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo entero, ¿podría de verdad ser él?, esto ya era demasiada coincidencia ¿verdad?
—¿Estás seguro amor?
—Si mamá, yo fui con Nath al ver que se alejó del grupo — aseguró — no parecía el tío Jack — agregó
—Pero si era Matthew
—Bien no es necesario armar pleito, volvamos a casa ahora — dije — luego llamaré al tío Jack y le consulto si él está aquí ¿va? — resolví
Los llevé hasta el jeep y los ayudé a acomodarse en sus sillas, el cinto de seguridad acostumbraban a ajustárselos ellos mismos, pero, aun así, siempre estaba ahí para asegurarme de que estuviese bien puesto.
—Pero mamá, sus ojos se parecían a los de papá
Mordí mis labios al oí la voz insistente de Matthew, solté un pequeño suspiro antes de cerrar la puerta trasera y abrir la delante para poder sentarme en el lugar del conductor.
—Bien, como ya dije, llamaré al tío Jack y consultaré con él si está en la ciudad — dije, colocándome el cinturón de seguridad — ¿Te parece? — agregué volteando la cabeza para verle, él asintió.
Cuando encendí el auto para poder ponernos en marcha al fin, mi vista recayó en una mujer joven, quizá de mí misma edad, ella se acercaba al jeep mientras alzaba una de sus manos, haciéndome saber que quería decir algo, hoy como una pequeña exclamación de horror salía de las bocas de mis hijos los miré.
—No hay helado para ustedes hoy si se metieron en pleitos, así que comiencen a rezar — les advertí antes de bajar del auto.
—Hola — saludo ella, algo apenada — disculpa si te estoy robando tiempo, es que mi pequeña me conto que Hudson, el más grande de mis hijos busco pleito hoy — dijo — solo quería saber si el pequeño Nath estaba bien, ya que Hud lo golpeo por acercarse a Melisa — contó
Miré hacia el jeep y vi como Nathaniel baja el vidrio y le sonreía a la señora, suspiré estresada, a veces me sacaban de quicio.
—Si estoy bien, Hunson no me golpeo fuerte — le dijo
Apreté mis labios para no reír, al notar que había dicho el nombre del niño mal.
—Hudson Nath, su nombre es Hudson — le corregí — no te preocupes, él está muy bien y verdaderamente, dudo que sea la victima aquí, lo conozco muy bien — agregué, mirando a la mujer, ella sonrió
—Me alegra saber eso, entonces no te quito más tiempo — contestó — que estes bien —
—Tú también, espero que el pequeño también este bien — dije
Ella se alejó y yo volví a subir al auto, mientras miraba hacia donde ella se dirigía, pestañeé repetidas veces al ver que el padre de los niños era Cesar, suspiré y miré a los niños, ellos subieron sus cejas asustados, mordí mi labio intentando tapar la sonrisa que quería asomar.
—Agradezcan que ya firmé el contrato con aquel señor, si no les golpearía — dije
—Pero madre, Hunson siempre busca pelito y no le gusta que juegue con la pequeña Mel — objeto Nath
—Y es porque a ti te gusta su hermana y ella tan solo tiene tres — reprocho su hermano mayor
—Ella me gusta como amiga Matt, calla tu boca
Al ver que uno de los dos terminaría llorando por ese pleito sin sentido y que ese sería Nath, ya que había contestado a su hermano con sentida, me interpuse.
—Bien, ya no importa dejemos ese asunto en el pasado ¿de qué sabor van a querer el helado? — intervine
Y con tan solo aquella pregunta, el asunto había pasado a ser del pasado y ya no importo más.
[…]
Eran las nueve de la noche del viernes, mañana no debía ir a trabajar y habíamos quedado con los niños de ir al zoo, por eso, ellos ya estaban plácidamente dormidos. En cambio, yo, me encontraba sentada a los pies de mi cama, con el móvil entre mis manos, debatiéndome en si llamar o no a Jack, sabía que debía sacar esa duda que venía carcomiéndome desde hace ya una semana, pero el mismo miedo no me dejaba avanzar un poco más, con tan solo una llamada a al mayor de mis cuñados todo quedaría resuelto, pero, aun así, dudaba.
Deje caer el móvil sobre la cama justo a un lado de mí y me levante, mientras mis pies se dirigían de un lado al otro de la habitación, de mi boca no dejaban de salir suspiros y mi mente no dejaba de pensar si debía o no hacerlo, era bueno salirse de la duda, pero me daba miedo saber que podía no ser Jack y entonces, me quedaría una duda aún más grande. Si es él, ¿Por qué estaba haciendo esto?, no era más fácil presentarse ante nosotros y ya.
Al final, solo decidí apagar las luces y meterme bajo las finas mantas, cerrar mis ojos y hacer que mi mente dejara de pensar, ya bastaba de esto, yo quería avanzar y si seguía pensando en mi esposo, que había fallecido hace ya seis años, no lo podría hacer jamás.