Por alguna estúpida razón mi auto decidió romperse y ahora me encontraba caminando hacia el trabajo, el viento frío estaba congelando mi nariz y la única solución que encontré fue subir mi bufanda. Odiaba el invierno y más si tenía que estar caminando a estas horas. Estaba a punto de cruzar la calle cuando un auto se puse adelante mío impidiendo mi paso. —¿Qué haces idiota? Cuando pensé que mi día no podía ser peor su ventanilla de bajó. —Que dulce eres por las mañanas —sonrió—¿Qué haces caminando con este frío? —Se me hace agradable congelarme el culo sabes —puse los ojos en blanco—. Córrete y déjame pasar. —Vamos que te llevo. —¿Qué te hace pensar que me subiré a tu asqueroso auto Lodge? —No lo sé, quizás porque te encanta pasar tiempo conmigo —alzó sus hombros—. Vamos Barbari

