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2228 Palabras
Asa narrando: La luz del sol se filtraba a través de los árboles mientras conducía por las calles familiares de mi infancia. Cada curva y cada esquina traían de vuelta recuerdos, algunos buenos, otros no tanto. Hoy, sin embargo, estaba decidida a concentrarme en los buenos. Antes de salir, hice una rápida llamada a mi madre. Flashback: — ¡Hola, mamá! ¿Está Alma en casa? —pregunté, una leve ansiedad formándose en mi estómago. — No, querida. Salió con unas amigas. — Su respuesta me trajo un alivio inmediato. Verla hoy no era algo que estaba buscando. — Genial, entonces. ¡Voy a verla, mamá! Nos vemos en un rato —terminé la llamada, sintiéndome más ligera. Era como si un peso hubiera sido removido. Necesitaba este tiempo con mi madre, lejos de las tensiones familiares. Flashback off. Cuando llegué a la casa donde crecí, una mezcla de nostalgia y confort me invadió. La fachada seguía siendo la misma, con las flores que a mi madre le encantaba cuidar en el jardín. Llamé a la puerta y, en segundos, se abrió. — ¡Asa! —exclamó mi madre, sus ojos brillando de alegría. Me envolvió en un abrazo apretado, y sentí la familiaridad y el amor que siempre han estado presentes entre nosotras. — ¡Hola, mamá! —sonreí. Entramos y nos acomodamos en la sala, donde el olor a café fresco llenaba el aire. La conversación fluyó de manera natural, como siempre, pero, a medida que hablábamos sobre trivialidades, me di cuenta de que había algo más que quería compartir. — Mamá, hay algo que me gustaría contarte. —Respiré hondo, buscando las palabras adecuadas. — He conocido a alguien. Sus ojos se iluminaron, y una sonrisa se formó en su rostro. — ¡Oh, querida! ¡Eso es maravilloso! ¡Cuéntame más sobre él! — Su nombre es Luke. Es mi fisioterapeuta. — Mientras hablaba, sentía la emoción crecer dentro de mí. — Me ha ayudado mucho, y ahora nos estamos conociendo mejor. Mi madre escuchaba atentamente, sin interrumpir, lo que me daba aún más confianza para compartir. — Él me hace sentir diferente. Como si realmente estuviera viviendo, ¿sabes? —continué, recordando el calor del beso que intercambiamos. — Estoy avanzando con mi vida, mamá, y eso me hace tan feliz. Stella sonrió, y la alegría en su mirada era contagiosa. — Siempre supe que eras fuerte, Asa. ¡Estoy tan orgullosa de ti! — Su voz estaba llena de emoción. — Te mereces ser feliz. Sentí una ola de gratitud por tener una madre tan comprensiva. Era reconfortante saber que, incluso después de todo lo que pasé, aún contaba con su apoyo incondicional. — Gracias, mamá. Eso significa mucho para mí. — Sonreí, sintiendo que realmente me estaba permitiendo abrir un nuevo capítulo en mi vida. La conversación continuó, llena de risas e historias, y a cada momento que pasaba, la sensación de estar en casa se intensificaba. El hogar no era solo un lugar físico; era el calor del amor que sentía allí. Algunas horas después... Estaba a punto de entrar en el coche. Fue entonces cuando escuché la voz que nunca esperé oír de nuevo. — ¿Asa? Me giré lentamente. Max estaba allí, parado, con una sonrisa nerviosa en el rostro. La misma sonrisa que un día me hizo sentir segura, ahora causaba un nudo en mi estómago. Parecía... diferente, pero no lo suficiente como para borrar los recuerdos que llevaba dentro. — Hola, Max —respondí, tratando de mantener la compostura, pero mi voz sonó más fría de lo que pretendía. Él dio un paso hacia adelante, con los ojos intentando conectarse con los míos. — Estás diferente —dijo él, la sinceridad en su tono sonando como un insulto. Como si yo fuera una versión más fuerte y más independiente, y eso lo incomodara. — Y tú sigues siendo el mismo —replicé, comenzando a retroceder. Lo último que quería era dejarme llevar por ese momento. — Realmente necesito irme. Pero él no parecía dispuesto a dejarme partir tan fácilmente. — Asa, espera. ¿Podemos hablar? — Extendió la mano, como si quisiera acercarme más. Di un paso atrás, mi corazón acelerándose. No había nada que se pudiera decir que pudiera arreglar lo que había sucedido. La traición aún ardía en mí, como una cicatriz que nunca sanaría por completo. En ese momento, Alma apareció, y su expresión era un mezcla de sorpresa e indignación. Estaba hermosa, pero había una sombra de celos en sus ojos. — ¡Asa! ¿Qué estás haciendo aquí con él? — Su voz era un susurro cortante, cada palabra cargada de desprecio. — Solo estoy yéndome —respondí, tratando de mantener la calma, pero la rabia empezaba a burbujear dentro de mí. — ¡Aléjate de mi novio! — Alma disparó, como si fuéramos dos niñas peleando por un juguete. La insensatez de la situación me irritó profundamente. — ¿Tu novio? —me reí, pero no había humor en mi risa. — La única traidora aquí eres tú, Alma. Tú rompiste mi confianza y te lanzaste a sus brazos mientras yo estaba en coma. La palabra "traidora" salió como una explosión. No podía contenerme. El dolor y la traición que había reprimido volvieron a la superficie, y no podía seguir guardándolo. — ¡Ustedes se merecen! —continué, mi voz aumentando a medida que hablaba. — Dos personas sin carácter, que no valen nada. Alma estaba pálida, pero su mirada era desafiante. Siempre fue buena para hacerse la víctima y, en ese momento, lo intentaba. Pero yo no iba a ceder. — No entiendes lo que pasó entre nosotros —Max intentó intervenir, pero lo interrumpí. — ¡No necesitas entender! Ya no soy la misma Asa que conociste. Y tú, Alma, no tienes derecho a sentir celos. Después de todo, aquí entre nosotros, ¿quién fue el que le robó al novio a quién? La tensión entre los tres era palpable, y, por un breve momento, el mundo a nuestro alrededor parecía haberse detenido. Había dicho lo que necesitaba, y la verdad era un arma poderosa. Con una última mirada desafiante, di la vuelta y me dirigí hacia mi coche, sintiendo que una parte de mí finalmente se había liberado. [...] Cuando finalmente pisé el suelo de mi apartamento, una ola de alivio me envolvió. Saqué el celular del bolsillo, dudando por un momento. Luke. La idea de invitarlo a venir aquí me puso un poco nerviosa, pero al mismo tiempo, una emoción crecía dentro de mí. Siempre tenía esa capacidad de traer luz a mis días, y hoy no sería diferente. — ¡Eh, Luke! — dije, tratando de sonar casual. — ¡Hola, Asa! — su voz sonó cálida, y me encontré sonriendo. — ¿Qué estás haciendo? — Acabo de llegar a casa. En realidad, estoy pensando en hacer un pastel. ¿Te gustaría venir aquí y comer un pedazo? — La última parte salió más rápido de lo que pretendía, pero la idea de tener su compañía me emocionaba. — ¿Pastel, eh? — Se rió, y pude imaginar su sonrisa. — Eso es tentador, pero… estaba pensando en otra cosa para comer. El comentario me sorprendió, y una ola de calor subió por mi rostro. Me reí nerviosamente, tratando de disimular la vergüenza. — Ah, ¿de verdad? ¿Y qué sería eso? — pregunté, intentando mantener el tono juguetón. — Sabes... — dijo, con un tono insinuante. — Pero, si el pastel es tan bueno como dices, tal vez pueda esperar. Sentí mi corazón dispararse. Era una broma, claro, pero había un fondo de verdad en sus palabras, y eso me dejó un poco mareada. — ¡Luke! — exclamé, sin poder contener la risa. — ¡Me estás dejando avergonzada! — Solo estoy siendo honesto. Pero sí, iré. ¿Un pedazo de pastel y un poco de tu compañía? No se puede rechazar. Estaré allí en unos minutos. — ¡Genial! — dije, tratando de sonar más confiada de lo que realmente me sentía. — Voy a preparar todo. Espero que estés listo para un delicioso pastel de chocolate. — Siempre estoy listo para el chocolate — respondió él, y la forma en que sonó su voz, llena de juego y encanto, me hizo sentir un cosquilleo en el estómago. Colgué el teléfono y me pregunté si realmente estaba lista para esto. La idea de tener a Luke aquí, tan cerca, era emocionante y aterradora al mismo tiempo, sobre todo después de nuestro beso. Fui a la cocina, buscando los ingredientes. Mientras mezclaba la harina y el azúcar, mi mente corría con pensamientos sobre lo que podría suceder cuando él llegara. Hice el pastel con atención, cada movimiento trayéndome una sensación de expectativa. El temporizador del horno sonó, y el aroma dulce comenzó a llenar el apartamento. Mientras esperaba, no pude evitar imaginar a Luke acostado en el sofá, riendo y jugando, su presencia llenando el espacio de una manera que no sabía que extrañaba. Cuando el pastel estuvo listo, puse una capa de glaseado, intentando hacer todo perfecto. Miré el reloj y me di cuenta de que él estaría aquí en cualquier momento. Una mezcla de ansiedad y emoción me invadió, y no pude evitar la sonrisa que se formaba en mi rostro. Tan pronto como sonó el timbre, mi corazón dio un salto. Respiré hondo, ajusté mi blusa y fui hacia la puerta. Al abrir, encontré a Luke con una sonrisa radiante, sosteniendo una botella de vino. — ¡Hola! — dijo él, con los ojos brillando. — Pensé que esto podría complementar tu pastel. — ¡Perfecto! — respondí, tratando de ocultar la sonrisa tonta que se formaba en mi rostro. — ¡Entra! Él pasó por la puerta, y la cercanía entre nosotros hizo que mi estómago se revuelva. El apartamento aún exhalaba el aroma dulce del pastel, y la luz suave del atardecer entraba por las ventanas, creando una atmósfera acogedora. Me siguió hasta la cocina, donde puso el vino sobre la mesa. — ¡Wow, esto se ve increíble! — comentó Luke, mirando el pastel. — Eres una verdadera chef. — Solo estoy tratando de impresionar — bromeé, pero la verdad era que quería que le gustara todo, no solo el pastel, sino también yo. Corté una generosa porción y serví, mientras él abría el vino y lo descorchaba en dos copas. Nuestros miradas se cruzaron, y algo en la forma en que me observaba hizo que mi corazón se acelerara aún más. — Entonces, ¿qué has estado haciendo? — pregunté, tratando de romper el hielo mientras él tomaba un sorbo de vino. — Ah, ya sabes, trabajo, vida... pero en realidad, he estado pensando en ti. — Sonrió, y la sinceridad en sus palabras me dejó sin palabras. La sensación de que había algo más entre nosotros era palpable. — Yo también pensé en ti. — La confesión salió de mis labios antes de que pudiera pensar dos veces. La intimidad de la conversación parecía unirnos aún más. A medida que conversábamos, el ambiente se volvía más ligero, y la conexión entre nosotros crecía. Luke se acercó, tomando mi mano mientras hablaba sobre sus últimas aventuras. Sentí un cosquilleo en el estómago y mi corazón acelerarse cuando él intercalaba miradas profundas y sonrisas cómplices. — Sabes, Asa, siempre te he encontrado increíble... en serio. Desde el primer día que te vi en el hospital. — Dijo, con una voz más suave. — Has pasado por tantas cosas y aun así sigues tan alegre por la vida. Sus palabras resonaron en mí. Era como si realmente me estuviese viendo. El espacio entre nosotros se estaba acortando hasta que, sin pensar, me incliné más cerca. Luke hizo lo mismo, y en un instante, nuestros labios se encontraron. El beso comenzó suave, hesitante, como si estuviéramos explorando un nuevo territorio. Pero pronto la dulzura se transformó en intensidad, y me perdí en su presencia. Él me acercó más, sus manos descansando en mi cintura, mientras yo entrelazaba los dedos en su cabello. El mundo a nuestro alrededor desapareció. Todo lo que sabía era del calor de su cuerpo contra el mío y de cómo sus manos exploraban mi espalda, como si quisieran acercarme aún más a él. Cuando finalmente nos separamos, nuestras respiraciones entrecortadas llenaban el aire. Luke me miró a los ojos, y había una mezcla de sorpresa y deseo en su mirada. — No esperaba que esto sucediera tan rápido, pero... — comenzó él, pero no le dejé terminar. — No tienes que preocuparte. — Sonreí, tratando de transmitir confianza. — Yo tampoco esperaba, pero parece correcto. Él asintió, y la tensión entre nosotros estaba a punto de explotar de nuevo. Con un movimiento suave, tomó mi rostro entre sus manos y me besó nuevamente, más profundamente esta vez. El beso estaba cargado de una pasión que no sabía que existía entre nosotros. Era como si todo lo que ya habíamos vivido nos llevara a ese momento. Esa noche apenas comenzaba, y sabía que estábamos a punto de explorar no solo nuestros sentimientos, sino algo mucho más profundo. El resto del pastel podría esperar; en ese instante, solo éramos nosotros dos, perdidos el uno en el otro, listos para descubrir la intimidad que nos unía.
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