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2178 Palabras
Asa narrando: Estaba perdida en un mar de pensamientos, ajena al movimiento a mi alrededor. Pero salí de mis ensueños cuando una de las chicas que bailaba ballet pidió permiso; fue cuando me di cuenta de que la clase había terminado y estaba obstaculizando el paso de las chicas que ya se iban. Les di espacio y una a una fueron pasando. Ellas sonreían animadamente mientras cada una seguía su camino. — ¿Hola? — escuché que alguien me llamaba y miré hacia la puerta; era la profesora de ballet. — Hola, perdona por estar en frente de tu estudio interfiriendo. Yo... solo estaba pensando. Perdí la noción del tiempo. — respondí, tratando de ocultar mi estado de distracción y vergüenza. — ¿Pensando en qué? — Sonrió, con ese brillo amistoso, contagioso. — Sobre ballet... sueños. — confesé, una sonrisa involuntaria apareció en mis labios. — Siempre soñé con bailar cuando era niña, pero no siempre nuestros sueños se hacen realidad. Una pequeña sombra de melancolía se instaló en mis palabras, y casi me pregunté por qué había compartido eso con ella. La profesora inclinó la cabeza, su expresión era una mezcla de comprensión y curiosidad. — ¿Te gustaría bailar conmigo? Puedo prestarte unas zapatillas. — dijo ella, abriendo la puerta para mí. — ¿Bailar? — repetí, una mezcla de sorpresa y un frío en el estómago. — ¡Pero soy tan descoordinada! — ¡Eso es completamente normal! — se rió, y la atmósfera a mi alrededor parecía iluminarse. — Solo vamos a divertirnos. Ven, ¡es solo un poco de movimiento! Ver a la profesora alejarse levemente y sacar una zapatilla de una bolsa me hizo dudar, pero al mismo tiempo, la idea de revivir ese sueño olvidado me atraía como si una cinta invisible me tirara. La última vez que había bailado fue hace tanto tiempo, y la idea de abrir mi corazón nuevamente a la danza era aterradora, pero tentadora. Acepté el desafío y me puse las zapatillas en los pies. Lentamente, comencé a moverme de manera torpe. El ritmo de la música parecía consumir mis pensamientos. La profesora se posicionó a mi lado, su presencia era reconfortante. Observó mis movimientos con atención, haciendo correcciones sutiles. — Levanta un poco más los hombros. — dijo suavemente. — Y recuerda respirar. Baila como si nadie estuviera mirando. Los primeros intentos fueron desastrosos. Una pirueta que casi terminó en caída y una secuencia que confundió todos mis pies. Pero había algo mágico en las risas que seguían. Estaba haciendo algo que siempre quise. Gradualmente, las correcciones se volvían menos sobre lo que estaba haciendo mal y más sobre cómo podía sentirme liberada en esa danza. — ¿Ves? — dijo la profesora, su sonrisa se ensanchó. — La danza es sobre sentir la música en tu cuerpo y expresar quién eres. Los errores son parte del aprendizaje. Vamos una vez más, ahora sin correcciones. La música comenzó a sonar suavemente, llenando el estudio con una melodía que parecía guiarme. Las notas fluían como agua, y mi respiración se sincronizaba con los acordes. Miré a la profesora, que sonreía animándome. En su presencia, me sentía como si estuviera volviendo a casa. Era hora de bailar, de dejar que mi alma se expresara a través del movimiento. Inicié los movimientos lentos, calentando mi cuerpo después de tanto tiempo lejos de la danza. Los músculos empezaron a relajarse, y pronto la coreografía tomaba forma. Entonces, llegué al gran momento: los fouettés. Uno, dos, tres... Giré con determinación, cada rotación era más rápida que la anterior, esa sensación de liberación envolvente y euphoric. En medio del movimiento, algo capturó mi atención. Un destello de luz atravesó mi campo de visión, y, por un instante, vi a alguien observando por una de las grandes ventanas de vidrio que separaban el estudio de la calle. Era un hombre, con una mirada fija en mí. Mi corazón se aceleró en mi pecho, y una ola de adrenalina recorrió mi cuerpo. ¿Por qué alguien estaría mirándome? Seguí girando, la música y la danza envolviéndome en un torbellino de emociones. El hombre parecía tan cercano, tan real. Pero, luego, mientras giraba, comencé a sentirme mareada, el mundo a mi alrededor se transformaba en un borrón. Una sensación extraña comenzó a apoderarse de mí, como si cada giro me estuviera alejando de cualquier realidad. Cuando finalmente me detuve, el silencio tomó cuenta del estudio y la música cesó. Miré hacia la ventana, pero no había nadie allí. El vidrio reflejaba solo la luz del sol y el vacío de la calle. Una ola de confusión me invadió. ¿El hombre que vi era real? ¿O solo una ilusión causada por la velocidad de mis movimientos? Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz de la profesora, que se acercó a mí, su sonrisa generosa iluminando mi desconcierto. — Asa, para alguien que ha estado tanto tiempo lejos de la danza, ¡estás increíble! En serio, lo hiciste muy bien con los fouettés. — dijo, llena de entusiasmo. Un alivio me invadió. Me había perdido en pensamientos y gestos, pero ella traía de vuelta el enfoque. — Gracias por este momento. — murmuré, tratando de dejar de lado la visión del hombre. — Necesitaba esto. — Eso es genial. — sonrió. — La danza debe ser una fuga, un liberador de emociones. Si quieres volver a bailar, mi estudio siempre tendrá las puertas abiertas para ti. Ven cuando quieras, puede ser una buena distracción. — Gracias. Pensaré en eso. — respondí, determinada y un poco más aliviada, mis pensamientos me estaban volviendo loca. [...] Mientras caminaba por la acera desierta de regreso a casa, sentí una incómoda sensación de que alguien me estaba siguiendo. Pensé en el hombre desconocido mirándome a través de la ventana del estudio de ballet. ¿Quién era ese hombre? ¿Qué quería conmigo? Miré hacia atrás, pero solo pude ver las sombras proyectadas por los árboles. Un coche pasaba cada pocos minutos y me sentía más aliviada ya que podría pedir ayuda en caso de que alguien me persiguiera. La calle estaba extrañamente tranquila, y el sonido de mis pasos resonaba. Con cada paso, el miedo se volvía más palpable, asentándose en mi piel. La agitación en mi mente crecía, empujándome a acelerar el paso. El asfalto bajo mis pies parecía arder, y quería correr, pero un deseo inquieto me mantenía estancada. Necesitaba mantener la calma. Pasé por una parada de autobús vacía y noté que la luz de arriba parpadeaba, casi como si me estuviera alertando sobre algo. Era improbable que alguien me estuviera siguiendo, pero ¿por qué...? Mi corazón latía con fuerza. Quería creer que era solo mi imaginación. Pero la verdad es que no podía quitarme la sensación escalofriante de que alguien estaba detrás de mí. Finalmente, ya no pude soportarlo más. Comencé a caminar más rápido, casi corriendo. Mientras subía por la calle, una brisa fría sopló, haciendo que mi cabello ondeara. Miré nuevamente por encima del hombro, pero la oscuridad solo me devolvió la misma respuesta. De repente, sentí un toque frío e inesperado en mi hombro, sorprendiéndome. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y, en un gesto automático, me volví rápidamente. — ¡Hola, Asa! — dijo una voz familiar. Era Luke, con su sonrisa despreocupada y la manera casual que siempre hacía que mi corazón se acelerara. Pero en ese momento, su sonrisa parecía absurdamente fuera de lugar. El alivio que debería sentir fue abruptamente sustituido por una mezcla de confusión y desconfianza. ¿Por qué estaba allí? — ¿Me estabas siguiendo? — pregunté rápidamente, su expresión cambió de repente. — Eras tú, ¿verdad? — Asa, sé que suena extraño, pero tienes que entender... Te lo explicaré todo, pero necesitamos un lugar más seguro para hablar. La ansiedad volvió a aumentar, y mi mirada recorrió la calle. La atmósfera era pesada, y la sensación de que algo estaba a punto de suceder me apretaba el estómago. — ¿Más seguro? ¿Qué está pasando, Luke? Pero antes de que pudiera responder, un hombre apareció al final de la calle. Era una figura extraña, con una mirada intensa y un aire siniestro que me hizo estremecer. Mi corazón comenzó a latir descontrolado en mi pecho. No sabía si era el hombre que estaba detrás de mí o si era solo un golpe del destino, pero su presencia era palpable y amenazadora. Luke inmediatamente tomó mi mano, y en un gesto rápido, me tiró hacia un callejón oscuro que se abría a nuestra izquierda. — ¡Ven, rápido! — parecía decidido, y apenas tenía tiempo para cuestionar sus motivos. Corrimos hacia el callejón, y miré hacia atrás. El hombre había comenzado a seguirnos, con pasos pesados y decididos. La adrenalina se disparó, y apenas podía respirar. Al fondo del callejón, las sombras se volvían más densas y me pregunté por qué todo se había transformado en una pesadilla. — Luke, ¿quién es él? — pregunté, mi voz temblando mientras intentaba entender la situación. — Solo confía en mí — dijo él, con un tono firme que no me permitía cuestionar más. Pero estaba aterrorizada, y mi mente corría en varias direcciones. Entonces, en medio de esa tensión, Luke se volvió para enfrentar al hombre que se acercaba. No sabía qué esperar. Las luces de la calle detrás de nosotros iluminaban los rostros lejanos, pero pronto todo se volvió oscuro cuando él se posicionó. El hombre parecía tener una sonrisa maliciosa, como si estuviera en control. Pero fue en ese momento que Luke hizo algo inesperado. Sacó un arma que tenía en su espalda, y un escalofrío recorrió mi columna. — ¡Luke! — grité asustada, llevándome la mano a la boca. Él apuntó el arma hacia el hombre que se acercaba y, con una precisión aterradora, disparó. El sonido del tiro explotó en el aire y sentí que mi corazón se detenía. El hombre tambaleó antes de caer al suelo. Estaba paralizada, solo observando la escena surrealista suceder frente a mis ojos. — ¿Qué has hecho? — mi voz salió en un susurro, llena de incredulidad y terror. Luke, todavía sosteniendo el arma, se volvió hacia mí. Su mirada era profunda y sombría. Nunca había visto esa mirada antes. — Asa, necesito que me escuches. Ahora no es momento de preguntas. Vamos a alejarnos de aquí antes de que esto atraiga más problemas. — dijo él, tomando mi mano y tirándome hacia fuera del callejón. Un coche se detuvo al otro lado de la calle y Luke me condujo hasta allí. Entramos en el coche, yo todavía paralizada debido a lo que acababa de pasar. Luke había matado a alguien, y lo peor, justo frente a mí. — Jefe, son los Vipers. Kyren no le gustó mucho lo que hiciste. — dice el hombre acelerando el coche y saliendo rápidamente de aquel lugar. — Idiota. Sabe que tenemos reglas. Él mismo me ha hecho pagar, de una manera muy dolorosa, por romperlas. — dice Luke, con la mandíbula tensa. — ¿Luke? — lo llamo y él me mira. — Amor, te voy a explicar. — dice él, intentando pasar el brazo por mis hombros. No lo permito. — ¿Amor? Me dejaste en esa cama y luego solo me enviaste un mensaje diciendo que ibas a viajar. No me dijiste qué harías, a dónde irías. Con quién estabas... — Era trabajo. — dice él rápidamente. — ¿Estabas con alguien? — le pregunto dándole varios puñetazos, él solo se defiende antes de sujetar mis brazos y acercarse, haciendo que sintiera su aliento en mi rostro. — No quiero estar con nadie más que contigo. — dice él. — Vamos a mi apartamento... — No, quiero ir a casa. — respondo enojada. — Genial, vamos a tu casa. — dice él, tengo ganas de matarlo. — ¿Vamos? ¿En qué momento te invité? — digo mirándolo a los ojos. — No necesitas invitarme, sé muy bien cuánto me quieres ahí. — dijo él, dejándome con las mejillas rojas. — Ok, pero me explicarás exactamente todo lo que está sucediendo, incluso sobre matar a ese hombre. — dije en tono de autoridad. — Dios mío, mataste a una persona justo frente a mí. — No se suponía que eso ocurriera... pero, ese hombre iba a atraparte y... no permito que nadie toque lo que es mío. Iré hasta el infierno para protegerte si es necesario. — dice él, llevando su mano a mi rostro y colocando un mechón de mi cabello detrás de la oreja. Por un momento me perdí en su mirada, pero pronto volví en mí y le di una bofetada en el brazo. — Aléjate. No me toques hasta que me expliques todo. — digo enojada. — Entonces, ¿puedo tocarte después? — pregunta él con picardía. — No. — digo, girando el rostro hacia la ventana con la intención de seguir seria. No iba a seducirme. Pero por dentro estaba sonriendo. Tonta, me recriminé internamente.
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