Ángelo. Todo estaba saliendo a la perfección y estaba más que seguro que pronto tendría a mi Diosa conmigo. Sé que era muy descabellan té el hecho de que toda esta mierda a la cual tuve que llegar para así tenerla en mis manos, pero una mujer como ella no podía olvidarla. Era difícil, me costaba demasiado estar con infinidades de chicas y que ninguna fuera ella por eso empecé con esto de llegar a ella porque estaba seguro que el síndrome de Estocolmo llegaría a ella, como siempre ocurría en este tipo de situaciones. Cataleya iba a entregarse a mí por completo y estaba muy seguro de eso. ─¿Así que está es la casa de playa? ─pregunté en dirección a Richard y Arthur. Ambos asintieron. Bajé la ventanilla del asiento de atrás y observé la casa. Era grande, espaciosa y con una hermosa vist

