Cataleya. Me removí en el lugar incómoda y terminé por abrir los ojos, lo primero que aprecié fue que me encontraba en una camilla, pasé una de mis manos por mi rostro y solté un suspiro, mi cabeza dolía demasiado, sentía como si alguien me estuviera apretando el cerebro. ─Doctora─. llamé. Me mantuve en la camilla esperando que alguien abriera la puerta, pero nada ocurría. ─Hijos de puta, todo tengo que hacerlo yo─. exclamé. Me senté en la cama y me quité la venoclisis de mi brazo, me levanté de la cama y emprendí mi camino hasta la puerta principal. La puerta se abrió y entró un doctor, dirigió su mirada a mí y abrió sus ojos como platos al verme de pie. ─Despertaste─. exclamó. Caminó hasta a mí y me ayudó a volver a la cama, sus ojos eran de color café, me recordó mucho al color

