Periódico matutino.
Empezamos...
La mañana es fresca y clara, el jardín trasero de la casa está bañado en la suave luz del amanecer. Carla está sentada en una elegante mesa de hierro forjado, rodeada de flores en plena floración y el suave zumbido de las abejas. Los sirvientes están terminando de servir el desayuno; hay jugo de naranja recién exprimido, cruasanes calientes, y una variedad de frutas frescas en la mesa.
Una de las empleadas se acerca con el periódico del día, doblado y listo para ser desplegado. Carla asiente con agradecimiento mientras toma la primera sorbo de su café, aún mirando hacia los colores vibrantes del jardín.
— Aquí tiene, señora. — Coloca el periódico junto a su plato y se retira discretamente. Carla deja la taza de café y toma el periódico, desdoblando la primera página. Sus ojos se encuentran inmediatamente con una gran foto de su boda: ella y Jorge, radiantes, saliendo de la iglesia bajo una lluvia de pétalos de rosa. No puede evitar sonreír al recuerdo de ese día, pero su sonrisa se desvanece rápidamente cuando sus ojos se desplazan hacia el titular y el informe bajo la foto.
El artículo detalla no solo el evento de su boda, sino también hace un recuento exhaustivo y revelador de las actividades extramatrimoniales de Jorge, incluyendo testimonios y pruebas de sus liaisons con varias mujeres. La noticia es un golpe devastador para Carla, quien siente cómo el mundo se detiene momentáneamente.
- susurrando para sí misma con incredulidad.
— No puede ser... — Carla lee rápidamente, su mente intenta procesar la traición mientras cada palabra impresa se siente como una puñalada. Con manos temblorosas, deja caer el periódico sobre la mesa, el sonido crujiente del papel parece inusualmente alto en la quietud del jardín. Ella mira hacia el cielo, respirando profundamente, intentando calmar la tormenta de emociones que la embarga. Su corazón late con fuerza, cada golpe resonando con la traición y el engaño revelados en el papel.
Después de unos momentos de silencio, Carla toma una decisión. Se levanta de la mesa, su postura es de determinación. Sabe que debe enfrentar a Jorge, que no puede dejar esta revelación sin respuesta. Con una mezcla de ira y resolución, entra en la casa, lista para confrontar a su esposo sobre la verdad que acaba de descubrir.
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Un despacho iluminado por la luz de la mañana. El sonido de pájaros se cuela por la ventana abierta. Carla entra abruptamente con el periódico en la mano, su rostro está rojo de ira. Jorge, sentado detrás de su escritorio, levanta la vista sorprendido por la irrupción.
— ¿Esto es lo que has estado haciendo mientras yo confiaba ciegamente en ti? — arrojando el periódico sobre el escritorio, Jorge se sorprende e intenta mantener la calma.
— Carla, por favor, siéntate y hablemos de esto tranquilamente.
— ¿Tranquilamente? ¡La ciudad entera está hablando de tus aventuras! ¡Eres el tema de todos los chismes y risas! — Con voz elevada y temblorosa.
— ¡No es tan simple como parece! Yo... — Jorge se fustra y ella lo interrumpe.
— ¿No es simple? ¿Me vas a decir ahora que es todo un malentendido? ¡Todos hablan de cómo Jorge el Gran Empresario es también Jorge el Gran Don Juan!
— Carla, necesito que me escuches. Sí, cometí errores, pero... — Ella empieza a llorar de la ira.
— ¡Errores! ¿Es así como llamas a engañar a tu esposa? ¿A mentirme cada día, cada noche que llegabas tarde diciendo que estabas "trabajando"?
— Sé que te he fallado, y lo lamento profundamente. No tengo excusa.
— Oh, ahora te arrepientes. — Le dice sarcástica. — ¿Te arrepientes porque te han atrapado, Jorge? — Pausa, respira hondo. — Pensé que te conocía. Creí que eras un hombre honorable, no... esto. — Jorge se levanta de su lugar e intenta acercarse para alcanzar laa mano de ella.
— Por favor, déjame explicarte... — Retira la mano bruscamente.
— ¡No me toques! No puedes simplemente arreglar esto con unas pocas palabras bonitas.
— Entiendo que esto es difícil. Y sé que he dañado la confianza que había entre nosotros. Quiero reparar las cosas, Carla. Por favor. — Carla con una risa amarga, responde:
— ¿Reparar? ¿Cómo puedes reparar años de mentiras? ¿Cómo puedo confiar en ti otra vez, Jorge? Dime, porque realmente me gustaría saber.
— Lo arreglaré de cualquier manera que sea necesaria. Terapia, tiempo, lo que necesites. Solo no quiero perderte. — Desesperado, lo cual Carla ignora mirando al periódico.
— Me aterra pensar que he compartido todo este tiempo con un extraño. Me aterra no saber qué más no sé de ti.
— Lo siento, de verdad lo siento. — Baja el tono, y Carla recoge el periódico.
— Creo que necesito tiempo, Jorge. Tiempo lejos de... todo esto. Necesito pensar. — Asiente con tristeza.
— Lo que necesites. Estaré aquí, intentando ser el hombre que debería haber sido desde el principio. — Carla ni lo mira y mientras se dirige a la puerta contesta.
— Veremos si eso es suficiente. — Las palabras de Carla ponen en jaque a Jorge y este sintiéndose desesperado se levanta de su lugar como un resorte.
— Carla, yo... — De repente, Jorge se lleva la mano al pecho, sintiendo un dolor agudo. Comienza a aflojarse el nudo de su corbata con manos temblorosas. Lo que no sorprende a Carla y con voz irónica pregunta:
— ¿Ahora qué, Jorge? ¿Un teatro para que me compadezca? — Él jjadeando con dificultad.
— No... esto no es... — intenta respirar hondo, su rostro se torna pálido. Carla observándolo, su tono de sarcasmo desaparece al ver su estado.
— Jorge, ¿estás...? — Jorge intenta responder, pero el esfuerzo lo supera y empieza a toser fuertemente. Se sienta de nuevo, apoyándose en el escritorio. Su respiración es errática y lucha por aire hasta que grita.
— ¡Ayuda! ¡Por favor! — En ese momento, la asistente, MARINA, entra corriendo a la sala con un vaso de agua y vara de preocupación.
— ¡Jorge! — Le entrega el vaso de agua, intenta tomar un sorbo, pero sigue tosiendo y deja caer el vaso, el agua se derrama sobre el suelo. Carla queda paralizada, observando la escena, sus ojos se llenan de lágrimas.
— Esto... esto no es una actuación... — Susurra Carla a lo que Marina reacciona rápidamente.
—¡Voy a llamar a una ambulancia! — Marina saca su teléfono y llama a emergencias mientras da instrucciones de su ubicación y la situación. Mientras Jorge con voz débil, mirando a Carla.
— Lo siento... tanto... — Ella acercándose lentamente a él, aún en shock.
— Jorge, aguanta por favor... — Jorge intenta asentir, pero su estado se deteriora rápidamente. Carla, superando su parálisis inicial, toma su mano y con voz quebrada.
— No te vayas, Jorge. Por favor...
Marina se queda al lado, intentando tranquilizar a Jorge hasta que llegue la ambulancia. Carla se queda sosteniendo la mano de Jorge, los reproches olvidados momentáneamente ante la urgencia de la situación.
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El bullicio de la ambulancia resuena por los pasillos de la mansión, causando una sensación de inquietud entre el personal. Los paramédicos entran rápidamente y se dirigen al despacho, donde Jorge yace pálido y débil. Realizan sus evaluaciones con eficiencia, moviendo con cuidado al paciente hacia una camilla.
Carla observa desde la distancia, su rostro refleja preocupación y confusión. Se acerca a Marina, la asistente de Jorge, quien está ocupada coordinando la atención de emergencia.
— Marina, ¿cómo está Jorge? ¿Qué está pasando? — Pregunta con voz temblorosa, la asistente la mira haciendo un gesto compasivo.
— Señora, parece que tuvo un infarto. Los paramédicos están haciendo todo lo posible por estabilizarlo antes de llevarlo al hospital. — Carla se alarma.
— ¿Un infarto? Pero... ¿cómo pudo suceder eso?
— Parece que la discusión que tuvo con usted fue demasiado para él. A veces, el estrés emocional puede desencadenar problemas cardíacos. — En tono suave.
Carla se siente abrumada por la culpa y la preocupación. Se muerde el labio inferior, luchando por contener las lágrimas... con voz entrecortada.
— Dios mío, no quería... nunca quise que esto sucediera. ¿Hay algo más que necesito saber, Marina? ¿Algo que me hayan ocultado?
— No lo sé, señora. Pero haré todo lo posible por mantenerla informada sobre la situación de Jorge. — Carla asiente, agradecida por la promesa de Marina. Se queda allí, observando cómo los paramédicos sacan a Jorge de la mansión y lo cargan en la ambulancia. Una sensación de impotencia la abruma mientras se pregunta qué más puede haber detrás de las apariencias que ha conocido hasta ahora.
Con el corazón lleno de preocupación, Carla espera ansiosamente por noticias sobre la condición de su esposo, sintiendo que su mundo se ha vuelto aún más incierto de lo que nunca podría haber imaginado.