—Se acabo — había arrojado unos sobres sobre la mesa, la informacion de su objetivo. —¿Qué?— la chica alzo sus ojos azules hacia él. Ni siquiera había bajado los pies del sillón en el que estaba junto al fuego —Digo que renuncio —¿A qué?— pregunto con ceja enarcada totalmente despreocupada —A esto. Al trabajo —¿De qué hablas? —Se acabo.—sus ojos firmes la hicieron reaccionar Entonces su mente se centro en tratar de conectar neuronas suficientes para descifrar el mensaje —¿Sobre Elizabeth? —Genia —soltó con sarcasmo —¡No puedes renunciar! —soltó exaspera —Llevas un mes en su empresa trabajando para ella, eres el peón más útil que tengo —¿Peón? —Querías el dinero. Estas tan hundido como yo en esto —Yo no lo hago, búscate a otro —No puedo buscarme a otro —bajo los pies del re

