Capítulo 12

2096 Palabras
Ivette.   En toda la noche no he podido pegar un ojo, sentí un fuerte dolor de cabeza que no se va. En todo caso debo ir a la enfermería para asesorarme de los métodos anticonceptivos ahora que tendré sexo frecuente. Son las seis de la mañana, el sol sigue oculto a estas horas. —¡Feliz cumpleaños, mi amor!— Bárbara intenta besar los labios de Joep teniendo a su novia al lado. Es una descarada con todas las letras. Gracias al cielo el castaño la ignora y procede a besar a su novia mostrando el deseo que le tiene apretando sus glúteos. Ania se aleja un poco para recibir aire nuevamente, intenta ocultar el sonrojo asomado en sus mejillas al entregarle un peculiar accesorio para su celular. Es un osito de peluche que va como llavero. Verlos enamorados me provoca cierta envidia, nunca tuve una relación como la suya. En el pasado mis novios o ligues eran una vergüenza, no puedo mencionar a uno que me haya dado una imagen diferente. —No estaba al tanto que cumplías años hoy— menciono chocando puños con él—. Ya cumples veinte ¿no? Sacude la cabeza en señal de negación. —Cumplo veintidós. —Estas en la edad perfecta para irte de este lugar— digo atenta a la expresión de su cara. —Si, claro. Te enviare cartas cuando eso suceda— suelta una seca carcajada, es inteligente. Se sabe que no hay salida, pero me pregunto que sucede cuando cuentan con esa edad. —No importa que seas un imbécil, hay que celebrarlo— le propongo a Ania, ignorando a quien se supone hay que tomar consideración en los planes. Caminamos juntas planeando un itinerario para este día y cuando llegamos a los pasillos próximos a los salones de clases, me despido y busco la enfermería. Desde que me vestí mande mensajes a Kael y Patrick y ninguno me respondió. Esta vez ellos merecen un castigo por ignorarme. Me usan para saciar sus ganas pero cuando se trata de responsabilidades se esfuman. —¿Hola?— entro a la enfermería desolada, no veo a algún uniformados que pueda ayudarme con mis dudas. Me abro paso en el ambiente con estanterías llenas de remedios, agujas y lo necesario para atender a cualquier herido. Lo único que falta es alguien que sepa administrarlos. —Austin quiero más— oigo una voz femenina un tanto jadeante. Proviene detrás de unas cortinas, distingo la sombra de dos personas gracias a la tela blanca. —Disculpen pero…— abro la cortina y las dos personas que follaban arriba de una camilla se separan. La mujer lleva una bata que cuenta con una placa donde está inscripto su nombre y apellido. El supuesto Austin esconde su pene apenas me ve. Demasiado tarde para mi suerte, ya he visto más de lo que quisiera. —Pero que maleducada al venir— la enfermera pasa por mi lado detonando ira, le arruine el polvo con el estudiante. —Lo siento, pero me duele mucho la cabeza— me lanza un frasco de pastillas que logro atrapar. Se nota lo ansiosa que está, quiere que me largue pero necesito de su asesoría. En mis relaciones anteriores no me cuidaba, solo mi pareja usaba condón. Pero ahora no puedo ser descuidada si quiero escapar. —Niña, no tengo todo el día— besa el cuello del pelinegro—, ya lárgate. Guardo el medicamento antes de soltar lo que le diré. —Hasta donde tengo entendido los enfermeros no pueden ser amos de los residentes y mucho menos mantener una relación con ellos— quedan boquiabiertos sin saber que decir—. Si no quieres que se me escape tal chisme mejor me atiendes y como una persona, no como si fuera basura. —Tú que te crees... —¿Yo?— me señalo avivando su furia—. Soy Ivette Hagens, mucho gusto. Alargo la mano y la mantengo en la misma posición hasta cansarme. Ambos retroceden al descubrir mi identidad. No es noticia que la mayoría de personas sepan acerca de mi apellido. Soy la heredera más envidiable, bueno, solo si pasamos por alto el hecho de estar atrapada en este lugar. —Entonces que quieres, maldita hereje... —Vete al infierno, linda— avanzo hacia la puerta y me detengo para verlos por última vez— Te veré en el momento que eso suceda. Perdí mi tiempo con dos amantes cualquiera. Ahora debo buscar la forma de pedir un asesoramiento detallado sobre anticonceptivos y por lo que veo Kael no sabe mucho. Toca ir con Patrick. A lo mejor él si sabe. Llego a la primer clase del día y resulta ser de Literatura, justo lo que necesitaba. Tomo asiento junto a Joep y me concentro en observar al candente profesor. Que sea mi amo es un privilegio que muy pocas pueden contar, debo admitirlo, es perfecto. Pasa la hora y todos van saliendo, excepto yo. —Mi profesor…— le planto un corto beso en sus labios sonrosados. Él se estremece, mas no me aleja. —Es raro que te quedes sin ser llamada— envuelve mis caderas y me acerca a su rodilla. Me siento a horcajadas sobre él apreciando el bulto de su pantalón. —Necesito asesorarme sobre métodos anticonceptivos. —Lo suponía— dice y detengo los besos en su cuello. ¿Cómo que lo suponía? —Explícate— me levanto acomodando la falda de mi vestido. Patrick abre un cajón y saca una caja con tabletas de pastillas. —Eras virgen, no te han enseñado acerca del sexo y el como cuidarte— procuro no soltar una carcajada ante sus estudiosos ojos. —¿Una virgen actúa como yo la primera vez? Recuerdo cuando me desvirgaron, fue una tortura, no disfrute ni un poco y tuve que aguantarme el dolor. Pero eso sucedió a mis quince años. —¿No eras virgen?— palidece al instante, junta sus manos en el escritorio y se levanta furioso debido a la noticia. —Perdona pero nunca te di una señal de serlo— respondo ofendida. Que importa si soy virgen o no, lo único que pido es una conversación para cuidarme. —¡Vete ahora!— tironea su cabello con estrés, pareciera que le dieron la peor noticia de todas. Obedezco abandonando el salón y me encuentro con mis amigos en la cafetería para desayunar. Como soy una nueva alumna vip, cuento con los mismos privilegios de elegir una comida mas extravagante. Antes debía comer lo que servían, ahora tengo todo un menú a mi disposición. —¿De qué hablan?— pongo la bandeja en la mesa una vez me siento. —Esta noche nos permitieron hacer una mini fiesta de cumpleaños para Joep, pero en nuestra habitación— Ania codea a su novio y lo besa emocionada. Él no parece estarlo, pero al verla sus ojos se iluminan. —Bueno, díganme que necesitan y veré como lo consigo— muerdo la manzana viendo como Bárbara se contrae al ver la pareja feliz. —Solo que te pongas bien zorra— dice Tomas. —¿Puedes ayudarme a elegir un atuendo?— me susurra Ania, quiere lucir sexy para su novio y no la culpo. A decir verdad, me vendría bien un momento de chicas, entre las dos podemos ayudarnos. —A mi me descartan para hacer el pastel— Rader alza sus manos, los demás igual, Ania no lo hace y todos nos miran expectantes. —Sé un poco de cocina… —¡Haremos el pastel juntas!— Ania entrelaza nuestros brazos. Terminamos de desayunar y cada uno se dirige a la clase correspondiente, dejándonos a solas para cocinar el pastel. No sé como consiguieron los ingredientes, pero hay una gran variedad. En tanto el permiso se lo debemos a Bárbara. Mezclo los ingredientes usando un cucharón mientras Ania se dedica a hacer la crema con la batidora. —Ania, ¿todo esto lo conseguiste por tu amo?— ella medio sonríe cuando le pregunto —Si, es un hombre dulce, siempre me escucha cuando lo necesito— cuando habla se asemeja la felicidad que siente al estar con Joep. —¿Lo quieres? Apaga la maquina y prueba el sabor de la crema. —Si, pero no tanto como a mi novio. Pasan las horas, luego de nuestro arduo trabajo el pastel queda perfecto. Sobró un poco de crema, pero no es un pecado dado que la probamos. —Iré a la alcoba, quieres que me quede para guardar todo o… —Tranquila— la interrumpo—, voy a quedarme para seguir disfrutando de la deliciosa crema, ya te alcanzo. Devoro la crema con mi dedo, chupo todo gruñendo con cada probada. —¿Te gusta?— preguntan. —Si, no tienes idea. Un momento… Alzo la cara encontrando a Kael en el umbral de la puerta. Dejo la crema en su lugar rogando que no me haya visto haciendo mohines. —¿Hace cuánto llegaste?— recuesta sus brazos en la mesa y con su dedo pulgar se entierra en la crema para llevarla a la boca y chuparla. Su acción me hace relamer los labios, la escena no es para nada normal. —Eso no importa— acerca su dedo untado de crema, abro mi boca y lo recibo chupando, sin dejar crema que degustar. Sus penetrantes orbes detallan los movimientos al deslizar mis labios. Mi lengua recorre su piel dulce gracias a la crema y lo miro fijamente. —Eres una maldita pecadora— me levanta de un tirón y me sienta en su regazo probando mis labios, pasa su lengua en los lugares donde quedo crema relamiendo. —Tú no te quedas atrás— me nuevo lentamente provocando a su v***a oculta. Siento como humedece mi sexo y noto el crecimiento del bulto. Follamos con ropa puesta torturándonos con el deseo que tenemos. Somos masoquistas, nos gusta serio. —Hoy por la noche habrá una fiesta en mi habitación, estas invitado a ir— muerdo sus labios, las ansias me carcomen, por ello me apresuro a bajar su cremallera y sacar el m*****o viril que posee. Sigo moviéndome con desespero, quiero sentirlo ahora mismo. Kael se mete bajo mi falda y palmea mi sexo con su pulgar. Frota sobre la tela fina que cubre mis pliegues. —¿Y que gano si voy?— se volvió una dificultad quitarme las bragas, así que me levanto y en vez de seguir con lo nuestro, ladeo la cabeza. —Verme en un vestido sensual, nada de uniforme— nota que no tengo intención de continuar y se mete el falo irritado— Te recomiendo que no llegues tarde, Patrick también fue invitado. Subo las escaleras hiperventilando para ver si se me va la excitación que cargo. Patrick y Kael son una bomba peligrosa para mí. Voy directo a la ducha donde se encuentra Ania dejándose llevar por la corriente líquido que cae sobre su cuerpo. Me meto en la ducha conjunta tratando de espabilar los sucios pensamientos que tengo de mis amos. Salimos al mismo tiempo, enrollamos un toalla en nuestros cuerpos y buscamos que ponernos. Uso mi secador, se lo presto y continuamos con la vestimenta. —¿Qué opinas de este?— sale del baño reluciendo un vestido blanco y suelto. Tiene detalles como piedras incrustadas. —Te queda bonito, pero es aburrido— la paro frente al espejo—. Debes sacar tu lado sexy hoy. Rebusco entre sus pertenencias lo que había visto a escondidas y lo extiendo como un trofeo. —Este es ideal para enloquecer a tu novio. —No lo sé…— duda pero termina cediendo ante mi insistencia. Sale del baño y sonrío orgullosa. Nos queda el maquillaje y zapatos, es pan comido. Soy experta en esos asuntos. Acabamos listas, lo primero que hago es buscar ambos celulares y sacarme fotos para enviárselas a mis dos profesores. Una con mi prenda y otra en ropa interior. Todo haciendo juego. Patrick es el único en responderme, lo hace con una foto suya en bóxer. Babeo al ver su erección desde la pantalla. Mi hipnosis se interrumpe al sobresalir un nuevo mensaje, justo lo que llevo esperando. Te he dejado las pastillas en el baño, ten cuidado y asegúrate que no te descubran. No arruines nuestro plan. XX.   Me apresuro en buscar con cuidado y bajo la regadera encuentro el frasco de las pastillas que debo suministrar esta noche.
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