Vivian empezó a sentir el movimiento y que unos brazos fuertes la sostenían con firmeza, proporcionándole una sensación de seguridad que penetraba su adormecimiento. Gradualmente, su cerebro empezó a controlar sus reacciones. Abrió los ojos, pero por unos instantes se sintió aún demasiado extraviada mentalmente para captar por completo la realidad. Llevaba apoyada la cabeza en el hombro de Alec, que la llevaba en la silla de su caballo. Por algunos segundos permaneció inmóvil, mecida como una niña por los brazos masculinos. De pronto observó que las montañas habían desaparecido. A su alrededor sólo se extendía la meseta estéril. En aquel instante recordó y, con un leve grito, pugnó por librarse del brazo con que Alec la sostenía. Sin decir nada, él detuvo el caballo y dejó que Vivian

