CAPÍTULO XIV-1

2010 Palabras

La tormenta se desató con extraordinaria violencia. Los truenos eran casi ensordecedores y los relámpagos iluminaban repentina y frecuentemente, a través de los agujeros de las paredes, el interior de la cabaña, mostrando a Alec acostado junto al fuego y con una venda en los ojos. Vivian, que temblaba de frío dentro del saco, se preguntaba si el techo resistiría el embate de la tormenta. De vez en cuando tenía que cambiar de posición para que el agua que goteaba del techo no le cayera en la cara. Sabía que Alec no estaba dormido y que debía de sufrir intensos dolores. Ella había preparado la frugal cena y lo había obligado a comer, poniéndoselo todo en las manos como si fuera un niño. Sólo ahora, cuando ya se habían dado las buenas noches, empezó a pensar en lo que debía haber padecido

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