MARCADA

2490 Palabras

Drake No sabía que se había apoderado de mí, pero era una mezcla de necesidad, deseo, posesión y pertenecía. Ella era mía y debía saberlo, nadie podía tocarla, solo yo. Toda ella era mía y nadie tenía derecho a profanar lo que es mío. Ni ella. —Drake... —Dejaste que él te tocará, mi pequeña lagartija. —No me llames lagartija y podrías... dejar de hacer... eso. —No. Su piel era muy suave, dulce y mis manos no podían alejarse de ella. Besaba sus carnosos y pálidos labios, con sabor a chocolate. Una de mis manos apretaba un lado de su cadera mientras la otra rozaba su piel tersa debajo de su blusa mientras sus piernas estaban envueltas en mi cadera. ¿Cómo llegaron hasta ahí? No lo sé, pero era a donde pertenecían. En mis brazos y pegada a mi cuerpo. —Drake, detente. ¡Ay! Terminó mor

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