La condición de nuestra Amelia mejoraba y mejoraba. Lo que nos tenía esperanzados y muy alegres. Tenerla en mis brazos amamantándola era una experiencia casi religiosa. Esa habitación de lactancia en el hospital, pasó de ser un lugar con desconocidas con sus hijos en brazos, deprimente y angustiante, a mi lugar favorito del mundo. Una de las mayores preocupaciones que tuve al iniciar a amamantar, era experimentar si sería cómodo o incómodo para mí. Pero no era algo incómodo o cómodo, era algo doloroso e irritante. Aun así, el ver su carita llena de vida, comenzando su vida, me llenaba de vida a mí misma. Finalizo de alimentarla y debo regresarla a la enfermera para que vuelva a su incubadora. Esa separación es más dolorosa que los primeros días dando lactancia. Tengo que ver hacia arri

