Narrado por Michel Leo. Leo. Leo. Ese tal Leo se había ganado mi desaprobación desde la primera vez que lo vi. Su trajecito formal y sonrisa de niño bueno, me daban malos presentimientos que no podía pasar por alto. Lo supe en lo que lo vi, ese hombre gustaba de mi mujer. Cuando le extendió la mano, lo hizo por más tiempo del normal, o cuando le hablaba de números y números, se quedaba viendo sin vacilar a Doris. La cual estaba más concentrada en los alrededores de esta endemoniada casa de lujo con piscina. Y era solo la primera, si Doris era de por sí adinerada, con la herencia de su madre, sus cuentas bancarias debían ser una absurdísimo absoluto. Pero apartando todo eso, lo importante, no me gustaba como ese hombre miraba a mi esposa. Tenía que mantenerme cerca para que no se quisier

