Laura se levanta extasiada, aún no puede creer que haya durado tantas horas conversando a través de Mensajes con Ricardo, fue una velada muy fluida, muy gratificante, que les permitió conocerse un poco más y darse cuenta de que tienen algunas cosas en común como, por ejemplo:
ambos adoran la lluvia, la playa, las plantas, los animales, les gustan los niños, para ambos el color preferido es el azul índigo, también les gusta la música romántica, la comida, conocer la cultura de otros países, entre otras cosas; estando aún en la cama, recuerda que quedaron de acuerdo en tener una cita, esta misma tarde … Por primera vez en mucho tiempo, Laura tomará un día libre, irá a la peluquería, al spa y luego se arreglará para salir con Ricardo.
Como primer paso, para comenzar el día de hoy, decide llamar a su asistente.
—Hola, Elena.
—Hola, estimada jefa y amiga, puedo saber dónde te encuentras.
—En casa, aún en cama.
— ¿Por qué? ¿Te pasa algo? ¿Estás enferma?
—No, amiga, nada de eso. Hoy he decidido tomarme un día libre.
— ¿Es correcto lo que escuchan mis oídos? Un día libre, no lo puedo creer.
— Si amiga, así mismo es, cancela todas mis reuniones y dejo en tus manos todo lo demás, toma tú las decisiones, lo que sea necesario, hoy la agencia es tuya.
— Amiga, sabes que cuentas conmigo, ¿pero cuéntame y ese cambio de planes a qué se debe?
—Te lo voy a contar, te agradecería que quede entre tú y yo; amiga anoche tuve una extensa conversación con Ricardo nos dijimos muchas cosas, nos conocimos un poco más, realmente me permití vivir la experiencia y me sentí muy bien en su compañía; al final de la conversación quedamos en tener una cita el día de hoy y la voy a disfrutar, me voy a regalar el día para mí ¿por qué no? Quiero vivir esa experiencia y siento que Ricardo es la persona ideal, por supuesto con la advertencia de que solo seremos amigos.
— Laura me alegro mucho por ti, que emoción, me encanta, te prometo no diré nada, te guardaré el secreto; te pido que me cuentes todo. ¿A dónde van a ir? Que harán durante la cita.
— Realmente no lo sé, Ricardo me dijo que sería una sorpresa, solo sé que vendrá por mí a las 4:00 pm. Así que te dejo amiga, tendré un día muy ocupado, Chao, nos vemos.
— Chao mi jefa bella, que te vaya súper bien, no puedo esperar para saber a dónde irán, me cuenta.
Laura se levanta, se da una ducha y sale del apartamento, no sin antes agendar sus tareas: 1. Ir al spa, 2. Peluquería, 3. Comprar ropa nueva para lucir fabulosa en su cita.
Ricardo se siente como un adolescente de 15 años, casi que baila de la emoción que siente por haber logrado concertar una cita con Laura, tiene muchas cosas planificadas quiere sacarla de su rutina, sacarla de su estructura que pueda disfrutar de los pequeños detalles de la vida, espera y desea tener una hermosa velada en su compañía. Desde su oficina está planificando todo, realmente quiera impactarla, que se sienta tan bien que acepte otra salida.
Va transcurriendo la tarde y La emoción en Laura va en aumento, cada vez falta menos para ver a donde la llevará Ricardo, ha decidido vestirse de manera más casual, por lo que se ha comprado un vestido, que le cubrirá medias piernas, estampado, muy acorde con la época del año, lo acompañará de unas sandalias de tacos, rosadas. Llega a su hogar y comienza a prepararse para la cita, espera tener un tiempo suficiente para perfumarse y maquillarse.
Pasaron algunas horas y ya está lista, totalmente arreglada, se siente fresca, atractiva, hasta jovial y hermosa, se ve en el espejo por última vez, antes de salir.
Escucha sonar el timbre, pero le sorprende que el vigilante no le haya avisado de que alguien la solicitara, sin embargo, sabe en su interior que el Ricardo, que ha venido por ella, abre la puerta con cierta lentitud.
— Hola. — esboza Ricardo. Está sorprendido de lo bella que se ve Laura.
— Buenas tardes, gracias por venir hasta acá, no era necesario, si me hubieses avisado, yo salía hasta el estacionamiento— responde Laura.
— Eso jamás, una dama merece ser tratada como tal, con respeto, con cortesía, para mí es un gusto venir hasta acá por ti. Estás bellísima, será un honor estar en tu presencia — dice Ricardo, ahora si más explicativo.
— Vamos? — pregunta Laura.
—Si, claro, usted primero damisela.
Ambos se trasladarán en el vehículo de Ricardo, eso acordaron la noche anterior, igualmente acordaron que ella no preguntara a dónde van ni que van a hacer, Ricardo tomará las decisiones concernientes a la cita, aunque eso inquieta un poco a Laura, lo ha aceptado; es que Ricarda tiene un poder de convencimiento increíble.
Llegan a un restaurante, sencillo, abierto, con varias terrazas, se sientan en una de ellas, la cual les brinda disfrutar de una ligera brisa y de una bonita vista.
Casi de inmediato, les sirven el plato de entrada, él consta de galletas y un capuchino frío, Laura trata de disimular su asombro, además Ricardo expresa.
— Recuerda que hoy será un día diferente para ti, nada de dietas, nada de rutina. Disfruta de cada platillo, te lo pido.
Laura piensa, si supiera, realmente hoy ha sido un día diferente para ella, y si continúa así, será un día espectacular, inolvidable. Asiente con la cabeza.
— sí, Ricardo, haré mi mayor esfuerzo de complacerte. Y ambos disfrutan de lo presentado en la mesa. Comienzan a conversar, de todo un poco, de cómo ha sido su infancia, de sus juegos infantiles preferidos, de su familia, de sus estudios, de sus viajes … Entre esas conversaciones, presentan el plató principal, pizza tropical, acompañada de un batido de fresas. Laura no sabe cómo disfrazar su asombro, hace años que no come ese tipo de alimentos, ya que cuida mucho su figura y su salud, pero no quiere rechazarla, no quiere que Ricardo se sienta incómodo, él la observa y decide no quedarse callado.
— Sé que no has comido una de estas en años, por eso mismo la he pedido, para que hoy comas sin pensar en dietas, en calorías ni nada de esas cosas de ustedes las mujeres. Comamos, sin culpa, buen provecho.
— Está bien, Ricardo. Tienes razón— contesta Laura, se sonríe y comienza a degustar la pizza. Que está muy sabrosa, le ha encantado, la intimida un poco que Ricardo come y la observa, la detalla, sus gestos, su forma de comer, sus labios, su postura, todo, se siente evaluada.
Ricardo, por su parte, come despacio porque lo que más lo satisface es estar al lado de Laura, le agrada todo de ella, siente que está frente a una Diosa, que lo cautiva
con su mirada, con su verbo, con su porte, su figura. Al transcurrir un buen tiempo, entre plática, miradas y pizza, llega el postre; un enorme helado de chocolate y pastel suizo, ya que anoche Laura le confesó a Ricardo que es uno de sus dulces preferidos, además del quesillo.
—Ricardo, gracias por el detalle, creo que ya es suficiente, no hay que abusar— comenta Laura, al tener el helado frente a ella.
— Por favor Laura, prometiste complacerme, disfrutemos juntos este postre, aunque pasearemos unos jovenzuelos, es uno de mis sueños, comer un exquisito helado, con una bella fémina.
Nuevamente, Laura se deja envolver, sonríe y comienza a comer junto a Ricardo, el enorme helado. Continúan conversando, ambos están exhortos, escuchándose uno al otro, por momentos sientes que solo existen ellos dos, olvidándose de lo que sucede a su alrededor.
Laura, no pude creer lo que ha pasado en esta cita, por primera vez en su vida, ha sido alagada, atendida, está muy ilusionada, h disfrutado al máximo las atenciones, la comida, las miradas de Ricardo, inclusive en un instante, él con cierta delicada, rozo sus manos, ella se sonrojó, trato de rechazarlo, pero lo acepto y pudo disfrutar de la calidez y suavidad en las manos de él, su cuerpo se estremeció, pues ese roce l lleno de cariño, de ternura, de candidez, realmente parecen dos adolescentes, sentados uno frente al otro, mirándose, rozándose, comiendo, aprendiendo a disfrutarse, aprendiendo leer los pensamientos uno del otro, Ricardo piensa: "Me estoy enamorando de Laura" mientras que Laura piensa:" ¿Que me esta pasando?"