Capitulo 5

1605 Palabras
Han pasado algunos días, ya las flores se han marchitado, hoy Laura le pide a Elena que por favor las mande a recoger y asear el escritorio, al ver el ramo ya disipado, no puede evitar pensar:   — todos los hombres son iguales, yo sabía esto, que sé un ramo de flores no iba a pasar, por eso no les creo, por eso no   Me ilusiono, por eso me dedico a mi trabajo, y a satisfacer mis necesidades con alegría sin esperar o depender de un hombre, no lo necesito. Aun así, en realidad su corazón está triste, Pues si se había ilusionado un poco con Ricardo, si le gustaba físicamente. Ricardo sigue pensando mucho en Laura; considera que ya es momento de aplicar otra estrategia, como tiene todos sus datos, incluyendo su número de teléfono, le enviará un mensaje de texto, hoy mismo. Está esperando encontrarse en el confort de su habitación para hacerlo. Desea que transcurran las horas lo más rápido de lo normal, a cada instante ve su reloj, camina por la oficina, se quita y se pone su chaqueta marrón, pide un té para poder calmante un poco. Transcurre la tarde y ya ha culminado su jornada laboral, se siente inspirado y muy motivado de llegar a casa, ya que lo primero que hará será escribirle a Esa encantadora mujer.   Laura llega a casa cansada, desmotivada, solo quiere darse un baño y acurrucarse en su cama, cubrir su frío emotivo con sus cómodas cobijas; ¿quisiera cambiar su rutina, hacer cosas diferentes, ha pensado inclusive darse unas vacaciones adonde iría? ¿A la playa? ¿Al campo? ¿A algún lugar exótico?   Se enciende la pantalla de su teléfono y suena el tono de cuando recibe un mensaje lo toma con desgano observa que es un número desconocido lee el texto.    —Hola, bella dama.   — quién eres— escribe ella de prisa.   — Tú más anhelante admirador.   — Por favor— no estoy para bromas, no para perder mi tiempo— responde.   — ¿Ten paciencia elegante damisela, te aseguro que no perderás tu tiempo, soy Ricardo… me recuerdas? - procede a leer en la pantalla.   — Acto seguido piensa: no puede ser, porque me escribe justo hoy, cuando creí que era un patán, un mentiroso.   —¿Disculpe, para qué me escribe? ¿Qué se le ofrece? No le preguntaré cómo obtuvo mi número porque sé que fue a través de mi agenda, no le di autorización de contactarme - escribe con premura.   — Lo sé, tiene razón, sin embargo, quiero pedirle que nos dé una oportunidad de ser amigos, de conocernos, de compartir, yo soy un hombre solitario y creo que usted está en la misma condición— le escribe Ricardo.    Laura se queda taciturna, lee y relee el texto y no sabe qué respuesta dar, sus emociones y deseos se dividen en dos aguas, por una vertiente quiere darle esa Oportunidad que Ricardo le pide ¿y por qué no? ¿Qué les impide ser amigos? — La otra vertiente le señala que se quede tranquila, que disipe esa posibilidad, que le diga que la deje en paz, total tiene muchos años cultivando su soledad, que la mitiga con el trabajo y con su familia. Y no le ha hecho falta ni amigos ni pareja.   — Nada más lejos de la realidad, en el fondo de su corazón, si quiere continuar con la aventura, ¿por qué no?   — Llega otro texto qué la saca de sus pensamientos.   —¿Dije algo equivocado? Respóndame, por favor — escribe Ricardo.   — Laura, agarra fuerzas con un suspiro, pasa su mano por su cabeza y escribe:   — No, no, lo siento, es que me ocupe. Dime Ricardo, ¿cómo puedo confiar en ti? ¿Quién eres? ¿Qué haces? ¿Por qué estás solo?   — Comprendo, te responderé todas tus interrogantes. Puedes confiar en mí porque soy buena persona, soy confiable, tranquilo, muy ecuánime y equilibrado. Soy un hombre que se ha dedicado a su profesión, que le gusta todo lo que sea arte, que ha buscado y esperado al amor de su vida, a su alma gemela. ¿Qué hago? Trabajo, como, duermo, escucho música, voy al teatro, escribo poesía, veo los partidos de fútbol con mi vecino y en estos momentos le mando textos a una hermosa señorita. Estoy solo, ya te lo dije porque no había llegado la indicada, soy soltero, no me he casado, tampoco tengo hijos. Ricardo, está plácidamente sentado en el sofá del recibo, el cual le permite reclinarse de forma muy cómoda, en su moderno y reconfortante apartamento, lo más importante es lo que siente, está muy emocionado, está contento de que Laura le haya contestado y que se estén escribiendo y hará todo lo posible por mantenerla lo más que pueda.   — Gracias por responder todas mis preguntas, me parecen muy sinceras tus palabras, te confieso, Es difícil entender que a tu edad no te hayas casado no tengas hijos — le contesta Laura.   — Si lo sé, pero como te dije antes, estaba esperando a la persona perfecta.   —¿Estabas? ¿Ósea, ya no?   — No, ya no, porque ya la encontré, ya llego y estoy feliz por eso.   — ¿En serio? Que bien, me alegro por ti y entonces, ¿por qué me estás escribiendo a mí? - Laura se siente molesta.   —¡Porque tú eres esa persona!!   —¿Queeee? Ay no, Ricardo, somos dos adultos, para estar son estas tonterías y disculpa, quiero descansar. — le escribe Laura, a modo de cortar la conversación.    Ricardo siente temor, no quiere que ella se enoje, menos que le deje de escribir, no sabe qué hacer, ¿será que fue muy directo? ¿Cómo puede hacer Para retractarse? ¿Le dirá una mentira? Pues, él está seguro que ella es su media mitad, el amor de su vida.   — Disculpa, era una broma, de mal gusto, no te molestes, sigamos conversando — le escribe Ricardo, esperando convencerla. Y espera con ansias la respuesta.    Laura se ha ilusionado con las palabras de Ricardo, es el convincente, la va envolviendo en una expectativa fácil de disfrutar y quiere seguir escudriñando a ver a donde los va a llevar toda esta conversa.   — Así si, muy pesada tu broma, ¿y dime fuiste tú el que me dejaste las flores? — contesta Laura, tratando de ser amable.   —¿De qué flores hablas? ¿Mejor dime tú? ¿Por qué no existe esposo no hijos en tu vida? — Le pregunté él.   — Cuento largo.   — Dímelo, cuéntame, soy todo oídos, o no, mejor dicho, te leeré con atención, y se ríe.   — Es un poco sensible para mí, te daré la versión corta, me enamoré por primera y única vez, siendo aún muy joven, nos íbamos a sacar y me dejo plantada en el altar, luego de eso, cerré mi corazón al amor de pareja, me dediqué a estudiar, a lograr el éxito, a darle mucho amor, tiempo, atención a mi familia, mis padres, hermanos, cuñadas, sobrinos, somos muy unidos, somos una tribu … Y logré tener mi Propia agencia de modelaje que es mi vida, es mi más grande creación, es mi hija, mi todo. No creo en el romance, ni el amor a primera vista, no en nada de esas pequeñeces.   — Te felicito por tus logros, tus éxitos, por tu bella y unida familia, lamento ese triste episodio en tu vida, sin embargo, difiero de ti, yo sí creo en el romance, en el enamoramiento, en el galanteo, con detalles, con poesía, con música, y ahora con mensajes de texto, aunque tengamos esas diferencias, siento que podemos tener una bonita amistad.   —Sí, es posible, percibo lo mismo que tú, te adelanto algo, en pocos minutos dejaremos esta amena conversación, pues se aproxima mi hora de dormir y en eso soy bien estricta, necesito dormir 8 horas diarias, como mínimo.   —Perfecto damisela, cuando sea el momento usted me lo indica y será respetado su horario de sueño. Oye, pero como me gustaría ser como tú, yo al contrario duermo pocas horas, 5 como máximo, me niego a tomar medicamentos para inducir el sueño, lo hago con lectura, con música, a veces duermo muy bien. — Ricardo prosigue, con otro texto.   — Te confieso algo, si fui yo quien te envió las flores, ¿dime te gustaron?   —Realmente muy hermosas, sobre todo su color, su aroma, y estaba segura   de que fuiste tú, que las enviaste.   —¿Por qué estabas tan segura?  Dímelo— interroga Ricardo.   —Es que no podría ser otra persona, sino tú, no existe alguien que tenga motivos para atreverse a enviarme un detalle así y eres tan osado que no tenía ni tengo dudas de tu hazaña— le escribe Laura.   —Para mí, es un gesto de caballerosidad, que una mujer tan bella, elegante, educada como tú se merece, aunque debió ser, al contrario, tú me debías enviar un detalle a mí, para pedirme disculpas por el tropezón tan fuerte que me diste ese día— Ricardo coloca caritas sonriendo, para que Laura entienda que es otra broma.   —Pero tranquila, ya con el gesto de haberme dejado entrar en tu departamento y ofrecerme una bebida, me doy por servido. — continúa escribió Ricardo.   Y siguen conversando, mensajes van, mensajes vienen, hablan de todo un poco, de sus gustos, sus preferencias y cuando acuerdan, ya son las 12:00 de la media noche. Laura sigue plácidamente conversando, olvidando su estricto horario de sueño, por primera vez, en mucho tiempo.                        
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