**ALONDRA** El aroma familiar de café recién hecho y pan tostado me recibió como un abrazo tibio. Era ese olor de hogar que nunca cambia, que te dice que aquí estás segura, que aquí te conocen desde que eras pequeña y te querían igual. Mi madre estaba sentada en su lugar de siempre en la mesa, desayunando con esa calma matutina que solo ella sabía manejar, todavía en bata, pero con el cabello ya peinado porque “una nunca sabe quién puede llegar”. Mi madrina, bendita ella, andaba como reina del desayuno, sirviendo café en esas tacitas de porcelana que guardábamos para las visitas especiales, con esa energía que parecía inagotable a pesar de haberse quedado cuidando a mi mamá toda la noche. Era de esas mujeres que nacieron para cuidar, para estar ahí cuando las necesitas, sin hacer pregunt

