**ALEXANDER** Todo encajaba ahora, cada pieza de este desgarrador rompecabezas, encontrando su lugar en un cuadro que preferiría no haber visto. La rabia que me consumía había formado una imagen clara, pero brutal. Alondra no se había vengado por sí misma; lo había hecho por Biby, para protegerla, para salvarla del daño que Marcus había causado. La realidad era aún más cruel y dolorosa —él no había sido solo un agresor hacia mí, sino un monstruo que había destrozado los corazones de los que más amaba. Ese pensamiento hizo que la sangre hirviera en mis venas, que primero ardiera y luego se incendiara con una fuerza descomunal. Mis orejas parecían arder, como si cada latido acelerado pulsara en ellas, y un fuego nuevo, más voraz, más implacable, se apoderó de mí. No era solo rabia; era

