**ALEXANDER** Mi furia titubeó un instante, dejando espacio a una tristeza profunda y a la sensación de haber perdido algo invaluable. Pero en lo más profundo, sabía que esa amistad, si alguna vez existió, había sido destruida bajo el peso de sus mentiras y su engaño. La verdad había salido a la luz y, con ella, también la justicia que exijo en silencio: que la traición no quede impune. —Vamos a disolver nuestra asociación. —Espera, Alexander, tranquilízate, déjame explicar todo esto. No lo escuché. Con el alma herida, pero firme, di la vuelta y caminé lejos, dejando atrás un pasado que ya no podía salvarse. Llegué a mi oficina sin siquiera notar si algún empleado me había visto entrar, perdido en mis pensamientos y en la tormenta de emociones que aún no lograba ordenar. El escánd

