Mientras recorrimos los pequeños puentes y nos tomábamos cientos de fotos, apareció Tobias con unos lentes de tamaño exagerado que parecían de fiesta. –Llegó el amor de sus vidas, bebes. —Dijo con un tono seductor que nos hizo reír. –Ven acá, greñas. –Lo llamé. El se bajó los lentes. –¿Cómo me llamaste? –Se fue acercando a mi despacio. –Gre-ñas. –Repetí para molestarlo. En eso comenzó a perseguirme, y corri entre los árboles para que no me alcanzará y en medio del correteo di un tras pié y me caí al piso raspandome las manos, los codo y las rodillas, como una niña. Tobias inmediatamente se me acercó para levantarme. –¡Baby Bry! ¿Estas bien? Frederick y Kill también se acercaron, pero Fred se veía molesto y sin disimular apartó a Tobias. –¿Por qué diablos se ponen a jugar com

