Duke Antes de que termine de limpiarme la p*lla como le he pedido, ya la tengo medio dura otra vez. Maldita sea. Voy a perder la cordura. No… en realidad, ella es quien me la arrebata. A pesar de que en la intimidad la use como mi muñeca, soy yo el que está a su merced. Soy su perro, j*der. Esta mujer puede pedirme todo lo que quiera. Es la única que logra calmar mi oscuridad, por eso ella logra que duerma por las noches. He caído por ella. Cuando se prepara para levantarse me inclino sobre ella y la vuelvo a agarrar del pelo y, de un solo movimiento, llevo su cara más cerca del espejo y pego su mejilla al suelo. —Mirate… Ella exhala fuertemente como respuesta a mi movimiento sorpresa y se mira al espejo. La mantengo así y con la otra mano llevo su falda a la cadera de un tirón

