Isabel Abro los ojos y, por un instante, el corazón se me acelera al no reconocer la habitación. Tardo unos segundos en recordar dónde estoy y, cuando lo hago, mi cuerpo se relaja. Estoy en el dormitorio de Duke, recostada en su cama. Busco mi móvil en la mesita y, al ver la hora, suelto un suspiro incrédulo: las seis de la tarde. ¿Cuántas veces lo hicimos? ¿Cuatro? ¿Cinco? Me miro y me doy cuenta que estoy desnuda, con marcas azules-violetas y fluidos por mi pecho y senos, además de en los muslos y bueno, en la entrepierna. Mi v****a no ha salido bien parada tampoco: Está hinchada y bastante irritada. Estoy hecha un desastre, justo como a mi me gusta. Me siento realmente bien. Me siento guapa y, sobretodo, deseada. Me visto con la misma ropa que llevaba antes de que el huracán Duk

