ISABEL Enzo duerme acurrucado en mis brazos, pero esta noche está inquieto. No deja de hablar en sueños. Dice cosas incoherentes, siempre sobre un hombre malo. Suspiro y mi mente vuela hacia Duke. Hace un día que no lo veo. La preocupación me aprieta el pecho; esta mañana le mandé un mensaje y no respondió. Después le envié un mensaje a Sebas. Me respondió rápido: estaban ocupados con el último golpe a los rusos y que no me preocupara. Aun así, no puedo evitar que un nudo se forme en mi estómago. Ha pasado algo, tengo ese presentimiento. Escucho ruidos abajo y corro hacia donde está Duke, intentando que no se note mi urgencia… pero la verdad es que estoy un poco desesperada. Muy dentro, estoy al borde del pánico, y disimularlo será imposible. Mientras que bajo las escaleras les pr

