ISABEL Me acurruco junto a Duke en la cama y él pone el rostro en el hueco de mi cuello. Sus palabras me llegan bajas, entrecortadas: —Hoy me he enterado de algo…—susurra, y yo acerco mi mano a su cabeza, acariciándole el pelo con suavidad. Se queda callado. No sé por qué, pero me anticipo a lo peor. —Dime, qué ha pasado… —le digo con ternura. Se acerca más a mí y poco a poco su respiración se va haciendo más tranquila. —He estado ciego…Todo este tiempo he estado haciéndole la vida imposible a los rusos, pero ellos no fueron los que mataron a mi hermano. Maldigo en mi interior, sin verbalizar porque no quiero ponerlo nervioso. Cuando alguien está cabreado o triste lo mejor es escuchar y no echar más hierro al asunto. Aquí tienes una versión más pulida, intensa y fluida, manteniendo

